11/10/20

El amor más allá de la muerte

https://www.youtube.com/watch?v=UM1FiDauxiI&feature=emb_title

 

 Para Inocencia y Tere, con gran cariño


En el móvil el vídeo no se ve, no sé porqué.
Aconsejo verlo en ordenador. a pantalla completa para leer el poema y con auriculares por un problema de reverberación (aún tengo que perfeccionar la técnica) ;) Muchas gracias. Espero que os guste.

                                   Volarela



8/10/20

Nuestra propia música (reflexiones y fotos)

 

Volarela

 

 NUESTRA PROPIA MÚSICA

 

 No sabemos nada.

 A lo mejor soy de niebla y mañana estoy allá, convertida en una gota de agua, sobre un pensamiento del prado.

 Nada sabemos de nuestro existir... Sentimos punzadas húmedas, inspiraciones.... como pequeños croares en la charca de nuestro sueño.

 Y pasamos por la vida, como la niebla, acariciando las cosas de soslayo; empapando con nuestras vocecillas de nata las hojas de los árboles, conscientes de que un día la noche nos cerrará los ojos, nos llevará de la mano, y nos dará de su pecho lácteo.

 Nos cruzamos... unos con otros (nieblas con nieblas). Los labios neblinosos de nuestros corazones se besan. Y seguimos bulliciosos después, como los torrentes, sin saber hacia dónde nos llevarán estos abrazos de hilo blanco.

 

  Volarela 

  

Avanzamos vaporosos, ufanos, felices..., o lacrimosos y heridos, impregnando nuestra baba de caracol por el cosmos,  sin saber que nuestra cristalina estela va dejando una canción que no oímos... Hasta que un día subimos muy, muy alto, y alguien nos dice que escuchemos con atención nuestro propia música: todo lo que fuimos; todo lo que hicimos; todo lo que dejamos.

  Y sonará a campanillas de nieve, o a bocinazos de bus, o a trombones de oro, o a violines rotos, o a cencerros grises, o a platillos amarillos, o a flautas de agua, o a rebuznos mágicos, o a una orquesta completa...

  Y nos asombraremos de las innumerables ondas que fueron dejando nuestro pasos ciegos por la niebla. 

 

***

 

Fotografías y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

Fotos del Pirineo (España), en días neblinosos

 

   

 


De niebla (Este jueves, un relato)

                                                                 Imagen: Ester Idelson  https://www.flickr.com/photos/idelsonsveta/8257824866/



 


Improvisado para "Este jueves un relato", cuya temática es la niebla, propuesta por Cecy (perdonar la extensión y los errores.)

https://gotasdelluviasobremipiel.blogspot.com/2020/10/participantes-jueveros.html 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                   DE NIEBLA

 

 Es cierto que nunca le creí. Y sin embargo desapareció, cuando menos lo esperaba, entre la niebla.

 Los días de niebla me sabían a él: una mezcla de menta, tormenta, melancolía, canela y aullido de lobo solitario. Cuando se acercaba a mí, una sutil niebla gris me soplaba los pulmones dulcemente, y enseguida yo acudía a tomar su beso húmedo, impregnado de lánguida nostalgia, y me quedaba un regusto en los labios de tristeza; de plumas huyendo, que no puedo descifrar.

 Él, se apareció, sin más, un día de densa niebla. Lo primero que vi fue su negrísimo cabello rodeado de una exuberante espuma neblinosa, como un gran halo en su cabeza. Algo ya anunciaba que venía a por mí.

 No pude evitar rozar con él, ir a su encuentro, disimuladamente. Nos topamos, fingiendo que no veíamos bien debido al horrible tiempo de gasas erráticas. Y entró en mi vida, con toda su carga de hojas volátiles, de verbos inacabados. Desde entonces, me perdí con él en su mundo caótico, confuso, lento, poéticamente hermoso, pero falso. Todo lo que salía de sus tiernos labios de humus fresco eran fantasías. Y yo las creía, magnetizada por su lengua de ave incomprendida y mística. Lo amé con la pasión de un fuego voraz, que se destruye a sí mismo, porque dentro de él no parecía haber nada más que niebla… Si me amó o no, no puedo decirlo. Sólo constato un vaivén de olas húmedas e imprecisas sobre mi alma, como lágrimas que no llegaran a caer nunca.

 Me construyó un castillo propio de gotitas fantásticas, donde nadie más podía penetrar. Me invitó a saltar por el acantilado, diciéndome que volaría cual vaporosa nube, pero afortunadamente, no lo hice. Y lo perdí todo: mi trabajo, mis amistades, mi vida entera se deslizó por la resbaladiza cascada de este amor sin cimientos, caótico y temerario.

 Debía de ser cierto, como él proclamaba, que no era del todo humano; que sus venas llevaban niebla y no sangre, porque desde que el primer día que me besó, un humo extraño circula por mi cuerpo, y tengo una desazón que no sé cómo llevarme; y todo me parece cada vez más incierto; y ando perdida; y, a menudo, no sé como afianzarme a la tierra.

 Cuando se marchó me dijo que la niebla está poblada de criaturas; que él era una de ellas y debía entrar de nuevo en el cuerpo de su gran "gata blanca". Se alejó hasta difuminar su cuerpo en la niebla voluptuosa de aquella mañana invernal.

 Y yo, loca e inestable, como hiedra en el aire, intenté después buscar unas raíces que me sostuvieran... Deambulé muchos, muchos días… perdida y escupiendo lágrimas de humo...

 Pero el tiempo pasó; y conseguí afianzarme de nuevo a la vida real, con un amante de verdad, con una hija de verdad, con una vida de carne y hueso… Hasta que lo vi de nuevo. Y se derrumbaron todas mis piedras. Tras treinta años, era el mismísimo joven frío, con su cabello negro de córvido y su aliento de mentas vaporosas que hasta mí llegaba. Iba agarrado, con sutiles dedos de nube rosa, a la mano de una joven ingenua como una tórtola: mi propia hija. En un compasivo arrebato, ella soltó su mano y lo besó, mientra yo corría hacia ella con los ojos en llanto, nublados por una espeso grito de niebla. 

 

 ***

 


Volarela

27/9/20

Escondido entre flores


                                                  Fotografía de Oleg Oprisco

 


 

 

  Sí, te preguntas por qué tengo este empeño en plantar más y más flores. No hay semana que no se sume una docena de especies nuevas a mi colección de colores vivos  y fragantes. 

  Bien, te lo explicaré. 

  De pequeño, cuando tan solo tenía tres años, escuché que una joven fantasma de cabellos trenzados de color naranja, rostro pálido como el mármol y ojos inocentes que parecían atravesar las cosas sin mirarlas, dejando ver la pureza del cielo nada más, se paseaba por cada rincón donde hubiera un grupo de flores. Portaba entre sus dedos finos como raíces una regadera azul, y parecía darles con esa agua una segunda vida celestial a las plantas que a sus pies la esperaban. Al menos, la imaginación de la gente decía eso, pues por donde pasaba las flores se encendían aún más, y al irse se marchitaban un poco. 

  La aparición era cálida, inocente y dulce, y a las gentes no les asustaba, pero sí intrigaba. No se hablaba de otra cosa los meses en que duró su nostálgico devenir entre los cálices, buscando algo dentro de ellos, regando luego con su regadera azul, y esperando alguna clase de milagro dentro de las flores.

  Todos en el pueblo habían sentido pasar su lírica fragancia de violetas por sus jardines. Yo también la vi; varias veces. Me escondía entre las flores con la esperanza de que se me apareciera a mí. Y puedo decir que jamás olvidaré su mirada. Si dijera que el amor más extenso se mecía en aquellas dos pupilas oceánicas al mirarme, y que yo me sumergía como un juvenil delfín en aquel mar, parecería sólo cosas de poeta, pero juro que es literal. Me sentía libre y ligero cuando la veía, dichoso, vivo... Ella me dirigía hacia un mundo brillante, pacífico, donde vivir era un juego liviano y musical, que llevaba a otro juego más en una cadena de risas enlazadas; mi tiempo, mis palabras, mi ilusión se hacían fugaces y veloces a su lado, como un verdadero salto de delfín, y a la vez nos deteníamos a contemplar el milagro de la vida de cada flor, insecto o humano penetrando en su interior con la calma del paso de las nubes.

  Sí, fui feliz como nunca, a pesar de que siempre sus pasos se alejaban en una despedida silenciosa, que yo intuía sería definitiva en algún momento. Y lo fue. Y dejé de verla. Y la esperé junto a todas las flores que encontraba en mi camino, pero no volvió.

  Lo que me intrigaba de chico es por qué callaban bruscamente cuando se hablaba de ella y yo aparecía... Me dejaban  una incógnita doliente y muda con sus tristes caricias en mi pelo... Años después, supe que era mi propia madre, la cual murió al poco de darme a luz, consciente y serenamente.

  Soy botánico: colecciono, estudio, clasifico. Toda mi vida gira alrededor de aquella dama que sólo conocí en modo inmaterial y fugaz como el mismo tiempo, del que nadie puede negar su existencia. Así pues, ahora sabes un detalle más de mis flores. Entre ellas todavía sigue escondido un niño tembloroso, esperándola.


*

Este pequeño relato surgió de esta bonita imagen; una entre varias de lo más bellas para inspirarse. Una propuesta de Ginebra en su blog Varietés para el mes de septiembre: http://varietes-ginebra.blogspot.com/2020/09/imaginacion.html

 

 

Embebidos de azul... (Poesía)

Foto: Volarela

 

 

 

EMBEBIDOS DE AZUL

 

Luces en el mar. La ciudad canta su brillo de escarabajo.

Hojas de palmera, abanicos de la paz... 

Nada la nostalgia por el agua con cuerpo de sirena.

 

Tú y yo  respirando la flor del silencio. 

El deseo nos atraviesa con su arpa de estrellas.

 

Tu y yo viajando por el espasmo inacabado del universo.

 

Mañana, 

la frente del mar la acariciarán las gaviotas al posarse.

Mañana estaremos completos.

Y alegres.

 

Y, embebidos de este azul total,

recolectaremos conchas

en la orilla de la vida.

 

***

 

Fotografía y poema: Volarela (Maite Sánchez Romero) 



18/9/20

Visiones

 


                                                            




VISIONES



  Huí con todas mis fuerzas. El tiranosaurio rugía destrozando árboles a su paso.    El miedo tiritaba en mis dientes hasta hacerlos caer. Y cada muela mía gritaba su abandono, allá perdida, en la ira del llano.
  Yo corría sin parar, ni siquiera tuve tiempo de calzarme. Tragué muchas exclamaciones, y mosquitos y llantos de cascada. Pero no me detuve. Cabalgaba, sin crines y con dolor en las entrañas.
  La sombra del reptil llegó antes que yo. Cubría mi rostro de babas coaguladas. Y ese aliento... a hambre podrida... me resultaba tan familiar... Luego, unos ojos sobre mí, llameantes, comenzaron a arder dentro de mis vísceras... Agarré el palo del pánico y tanteé como un ciego la salida.
  Una puerta negra se dibujó repentinamente entre el follaje. La abrí y pasé al otro lado, casi sin mirar: un hueco tenebroso, amarillento y resbaladizo como boca de águila me esperaba; no tuve más remedio que lanzarme... Y empecé a caer muchos, muchos metros, hasta que mis oídos sintieron el conocido sonido de una voz expectante:

-Roberto, ¿Cuántos clientes nuevos hay? ¿Ya estabas distraído, eh? Mirando por la ventana como un estúpido.
Venga, gallinácea, que te estoy esperando...

  Brutalmente desperté de mi visión. Noté el mismo olor a hambre podrida en su aliento; contemplé una vez más la pequeña baba casi coagulada, escapándose de su comisura irónica; y los ojos de fuego quemando bosques que querían llegar a mí corazón...

 Casi paralizado por el miedo, me levanté y, sin poder explicármelo, mi furia emergió sin freno, resonando como un terrible chirrido de águila por toda la oficina:

  -Señor Martín: ¿Ve a sus clientes volar por la ventana? (los papeles de mi mesa caían felices, cual palomas liberadas). Me marcho. Búsquese las vísceras de otra víctima. 

  A continuación, di un portazo feroz como un alud de piedras, que acabó de un golpe con toda mi vida, y se pincharon los miles de globitos sumisos de mi pasado...

  Ahora no trabajo. Entran las avispas por los agujeros de mi tristeza, y mi mujer no me ama. 

  Lo he perdido todo..., salvo mi dignidad.

 

 ***

Texto: Volarela

 


"La dignidad no tiene precio. Cuando alguien comienza a dar pequeñas concesiones, al final, la vida pierde su sentido. "

(José Saramago)

 

***

 
Podéis encontrar más relatos sobre la INSUMISIÓN en el blog de MOLÍ DEL CANYER que os invito a que leáis: http://molidelcanyer.blogspot.com/

16/9/20

Simple


 






SIMPLE

 

"Sé tan simple como puedas ser; te sorprenderá ver lo poco complicada y feliz que tu vida puede ser" Yogananda

 

Quisiera que me miraras y vieras al fresco mar
meciéndote
a través de mis ojos.

Quisiera ser simple como una flor en la mano de un niño.

Ser una más entre los rectos troncos,
simple...
como una mano tendida,
como el maullido de un gato,
como una huella en la nieve.

Aprender a ser...
callada y esperanzada
como un huevo en su nido.

Quisiera ser tan elemental como un abrazo,
tan verdadera como las piedras,
sin arrugas en el alma, lisa
como el horizonte.

Ser, tan sólo ser...
hasta que todos vean transparentarse mi alma
y contemplen a través de mí
la exquisita danza de la luz.

 

 

***

 

Fotografía y poema: Maite Sánchez Romero

 

*


                                       Haim Shapira interpreta adagio de Vivaldi


Cuando la nostalgia del amor golpea...

 

Pintura: Malinverno:   https://angelesyrosas.blogspot.com/2020/08/atilio-malinverno-el-filosofo-de-los.html

Sangre de cenizas (microrrelato de amor)

 



SANGRE DE CENIZAS


En el papel vi escritas sus palabras: "I love you". Las escondí rápidamente en el cajón mientras la profesora me miraba con ojos severos.  

Después vino el beso, escondidos tras el pino gigante. Mi tesoro. El que ahora te enseño aquí, en esta peca de mi seno, nacida en el mismo instante en que el sol penetró en nuestros labios.

No puedo amarte; lo sabes. Soy sangre de cenizas. Mi corazón está encerrado en una vitrina de fuego, consumiéndose desde aquel 1923.

 

 

 

 




Microrelato amoroso inspirado en estas dos cartas. Propuesta de "Escribir jugando": https://lidiacastronavas.wordpress.com/2020/09/01/escribir-jugando-septiembre-2/

28/8/20

Paraíso perdido

 

                            Imagen: Gustavo Doré. El paraíso perdido, Milton.

 

 

Cuando volvió ya no era la misma. Tenía 20 años más y hablaba una lengua desconocida además de la suya. Nos dijo que había estado todo el tiempo desaparecida en lugar maravilloso donde las hadas dan de beber a los árboles y los humanos obtienen el alimento jugando.

Había partido con 19 años hacia la solemne mansión de los Fuster, para realizar un breve trabajo de fin de semana cuidando a dos niños de 8 y 4 años. Algo extraño notó ya al recibirle la madre. Sus negrísimos ojos brillaban como un reflejo lunar en un pozo. Y su mirada era también muy peculiar; daba un poco de miedo, pues parecía que no se dirigiera a ella sino a alguien que estuviera detrás de ella.  

Los niños estaban sentados en el sofá. Eran tan blancos y hermosos que casi cegaba la vista su contemplación. La mayor leía "El paraíso perdido", reconcentrada y seria como un acantilado, y el pequeño escribía en su libreta fórmulas matemáticas con la misma destreza que sol traza sombras en la selva.

La madre se fue, cerrando la puerta y diciendo la absurda frase de que volvería tras el fin del mundo. Ella no supo si reírle la gracia o no, y menos aún cuando observó el absurdo espectáculo que la rodeaba. La casa entera estaba cubierta por resecas, raídas y amarillentas sábanas, no dejándose ver más que el sofá de los niños. Sobre ellas dormitaba un polvillo verdoso.

Como si la niña leyera su pensamiento le contó que todo estaba cubierto porque el tatarabuelo acababa de morir por segunda vez. La voz de la niña sonaba eléctrica, como si saliera de un aparato de radio. La chica se asustó y pensó que soñaba alguna pesadilla. Llegó a tener la sensación de que ella misma no era real e hizo un gran esfuerzo por romper mentalmente ese sueño, cerrando los ojos. Pero no logró nada. Solamente que el niño le dijera que no soñaba y que su casa era el portal de los mundos donde se cruzan los caballos negros de los tiempos. La tocó con su manita fría como una noche polar y la invitó a seguirlo. Levantó la sábana de uno de los muebles y se descubrió un soberbio piano de cola. La criatura tocó el preludio nº 2 de Rasmaninov con la destreza de un genio. Sonó grandioso y fatídico como la caída de un telón, provocando en la chica una suerte de hipnosis que terminó por desmayarla.

Ella nos dijo que después apareció, repentinamente, en un bosque, a 2000 km de allí. Que vivió 20 años casada con el hombre más bondadoso que jamás conoció, rey de aquel bosque, cuyos ojos tenían la sabiduría de los árboles centenarios, y cuyas manos pintaban hermosos futuros para su pueblo en un lienzo de nubes.

Sin embargo, una tarde él la miró de una manera tremendamente triste y muda, como el silencio de los glaciares. Después dejó en su frente un beso cargado de lágrimas. Y ella no comprendió... hasta que, bruscamente, amaneció desnuda en la ciudad que dejara veinte años atrás, en mitad de la carretera, entre coches desconcertados por su intrusiva presencia. 

En el mundo grueso y oscuro de la otra realidad de su pasado, nada había cambiado. Corría el mismísimo año en que se fue. Su madre, espantada, tuvo que reconocer a duras penas a la que fue su hija desaparecida: una mujer envejecida, desesperada, a la que habían robado un paraíso de aves, amor y belleza verde. En un lenguaje similar al de las cacatúas exigía que le devolvieran su vida. Pero aquellos ruegos angustiosos se golpeaban contra las farolas. Días sin piedad le esperaban en una residencia para enfermos mentales, donde ella se aferraría a las esquinas, bebiendo gotas de lluvia con sabor a bosque.

 

 *** 

Narración de Volarela (Maite Sánchez Romero) para la propuesta de Demiurgo de los jueves:  Argumento 3: https://eldemiurgodehurlingham.blogspot.com/


 
                                        "...Sonó grandioso y fatídico..."

                                                               *


Estaré ausente unos días. 

Quedad con toda la paz posible dentro del corazón.


                                                                                     *