28/6/26

Dormir es distraerse del mundo

 

                                        BLOG EN REPOSO INDEFINIDO

                           

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                                                             Pintura: Christian Schloe


                                       

                           DORMIR ES DISTRAERSE DEL MUNDO*

 

  La enfermedad del sueño; eso tenía. Nunca recordaba lo que soñaba en esos segundos de inconsciencia. Sin embargo al despertar, contemplaba la vida con absoluta perplejidad, totalmente novedosa, impredecible, bella. Chapoteaba de asombro en asombro.

  –¡Eh, muchacho, despierta. Estoy aquí!

  –Ya lo veo. Tu voz parece un claxon. Pero eres bello como un torrente despeñándose, ¿lo sabías?

  –Ya está el poeta de nuevo…Vives en una nube.

  –Es matemáticamente posible que un viento  te arranque los papeles de las manos y tú tengas un accidente por seguirlos. No cruces ahora  – Y antes de que se durmiera de nuevo, su amigo añadió:

  –¡Me estás salvando la vida! Y se rio inquieto como un mono. Mas quedó muy serio cuando un viento empezó a levantar los papeles que llevaba mal cogidos.

  El soñador se volvió a despertar, y despidiéndose, dijo, como para sí mismo:

  –Somos nubes… dentro de nada mi mente tomará la forma de un elefante nostálgico. Sólo sé que no sé nada. La vida cambia de opinión continuamente… Mira esa paloma, sus átomos revientan en un grito de luz.

  Con pasos elefantinos, siguió la calle, que parecía terminar en el pensamiento de un niño con pantalón a rayas, el cual miraba absorto una extraña nube. 

  De sueño en sueño despertaba cada vez más rico en asombros; feliz de que a cada zancada pisara la sombra exacta de su propio pie; admirado por que cada cosa ocupara su lugar matemático en el mundo.

  Pero el colmo de su perplejidad llegó al despertarse empapado, dentro de una nube; la misma que contemplaba asombrado aquel niño con pantalón a rayas.


                                                                                     **

    Volarela 2022  

  Basado en la cita de Borges:

 "Dormir es distraerse del mundo"

  


                                             

Mis pies...




MIS PIES

Son
tan humildes estos pies...
allá, en el confín de mi cuerpo,
con sus callos rocosos
soportando mi capricho de no parar
nunca, nunca,
mientras respire esta vida por mis altivas
y curiosas fosas nasales.

Ellos, embutidos en cárceles de plástico,
no conocen la brisa apenas,
ni sospechan lo que enamora a mis ojos,
ni imaginan las melodías que bullen
por las caracolas de mi pelo.
Solo caminan sufridos y oscuros,
absortos en sus gruesas venas luchadoras.

Cuando los acuesto...
se ven tan escuálidos, tan frágiles,
tan sutiles como abanicos de papel...
¡Ay, mis solos Pies de miga blanca!
Nadie os dijo que el camino no acababa...
y que en sueños camináis
por caminos de aire o telaraña.


A veces, cuando miran hacia arriba, me da por hablar con ellos:

-Sé que anheláis un poco de paz acuática... dejaros llevar como patos serenos,
vestiros con granos de arena, dormir tapados por la mano del mar...

Conozco vuestro más íntimo secreto esparcido a los cuatro vientos de mi alma:

Buscáis aquellos otros pies...
los que huelen a montaña clara,
y con los que es más corto
y más dulce el camino."




                               
                                     Imagen de la Web: http://blogconsentidos.com


                                                                ***
Un poema antiguo antes de hallar los pies compañeros, y por supuesto mi firma va en la foto superior ;-)


El corazón de poeta

 

                                                  EL CORAZÓN DE POETA




"Su cuerpo fue bebido como un néctar de hibiscos a pleno sol, por dos labios secos como dunas.

Él resbaló por su corazón abierto, estremecido, y besó cada uno de sus latidos en flor.

El héroe se rindió ante la walquiria, y puso girasoles de fuego a sus pies.

Mientras se abrazaron, retazos de niebla copulaban con el sol y una polilla sobre un árbol se tiñó de oro."

Abre la ventana. El moscardón atrapado sale al fin. El joven está tan solo como un tren abandonado en Venus; un suspiro se le escapa hacia las esquinas de un silencio al cuadrado. Coge un cigarrillo. Expele una voluta que quiere ser mujer. Abajo, en la calle chirrían unos frenos. Sale alguien del coche. El poeta se acerca a la ventana, ve una muchacha cruzar el asfalto con el poderío silencioso de los gatos en los pies, y sueña en voz baja: "Pudiera ser Ella; pudiera oler a lilas..." Y toma un apunte:

"Los amantes serán descubiertos por la tormenta riendo bajo las sábanas grises del cielo..."

El poeta está sólo con su imaginación creando más y más volutas suaves como senos de náyades.

De pronto, llaman a la puerta. El poeta abre y contempla asombrado. Traduce para sí:  Dama amaneciendo, música de flautas en la piel; ojos de azul hipnótico con acabados de gata siamesa. ¡Y huele a lilas recién abiertas... !

Descubre largas lianas cobrizas cayendo por su escote, cabellos que algún día podrían retozar plumosamente por su propio pecho de poeta.

Su líquida voz al presentarse es puro jugo de grosellas.

Pero cuando él le responde el tiempo se detiene.

Entre las letras “P” y la “R” de “pase, por favor”, el poeta se ha quemado con el cigarrillo que tenía entre los dedos sin notar absolutamente nada. Sus párpados, muy lentamente, se levantan al máximo, como dos cortinillas rosas, dejando ver los redondos planetas extasiados de sus globos oculares. Están dando cinco veces la vuelta al rostro de la chica descubriendo un lunar bajo su oreja del que ha compuesto toda una oda a los lunares olvidados; también ha sido testigo de una deliciosa comisura izquierda que conducía, a través de la boca seductora y la garganta acariciada por una cadenita de plata, a un corazón ardiente pero roto y lleno de costuras mal cosidas. 

A la vez, mientras sus ojos bajan por el pecho, otros ojos, quizá los del alma, contemplan sus ojos femeninos, con los que ha dado la vuelta a todo África en su memoria sin encontrar ningunos otros similares, salvo en una gueparda maullando por su cachorro enfermo que descubrió de niño en un libro de animales. Seguían los minutos por el techo, haciendo piruetas con las moscas del vacío, sin acordarse para nada de su trabajo, y así, casi en  pura levitación mística, nuestro poeta ha podido sopesar aquellas manos extrañamente gordezuelas en contraste con la esbelta figura de gata, y le ha parecido que amasaban muchos panes para un padre ausente. Ya casi desmayado por la fuerza atronadora de aquella figura en el dintel y su perfume embriagador de lilas desechas tras la tormenta, el joven poeta despierta. En la calle está sonando rabiosa una alarma: caen a plomo los minutos del techo. Y el tiempo vuelve a machacar su piano habitual. 

Hablan mucho, mucho, durante varias horas y a ritmo de jazz, sin entender nada el uno del otro.

Se cierra la puerta. El poeta vuelve a estar solo como un monolito en el océano. Pero le ha pedido su número de teléfono. Mira el papel garabateado por aquellos dedos como sombras de junco en abril; todavía huele a musa. Suspira (éste el suspiro número cuarenta y dos).

Ella sale satisfecha. Suspira también: al fin ha podido deshacerse del extravagante ése. Cómo le olía el aliento, piensa. Pero esa tarde fue muy fructífera para la vendedora de Vaporetas "Victoriosa". Su primer día y ya había conseguido cubrir el objetivo de una semana con aquel cliente que parecía haberle caído directamente de la luna.

El poeta soñará muchos días con ese teléfono apuntado a toda prisa. Lo estrujará en su pecho, lo besará, lo tirará a la calle y volverá a por él... hasta que comprenda que ella no contestará jamás a un número falso.

Nada está perdido. Un suma y sigue en su frágil corazón. Pero en éste cabe el océano con todos sus peces y anémonas; la vastedad de los desiertos ingratos con sus tormentas de arena en los ojos; tornados girando llenos de casas y bosques... Pero sobre todo cabe esa chica gigantesca, aún sin conocer, a la que le gusta pasear por la orilla del mar, dejando huellas de asombro

 La que saluda a las gaviotas y lee los versos en el agua

Esa mujer soñada que mientras se recoge la falda para que no le mojen las olas con su adiós llorón... canta...:

                    ”Y así me gusta a mí que sea, que tenga el corazón de poeta”.  



***



Hija de la noche

 

                                                                              Imagen de Pete Linforth en Pixabay.



«Solo en la oscuridad puedes ver las estrellas».

Martin Luther King

HIJA DE LA NOCHE

 


  "Como un autillo sobre un abedul miro el horizonte.

Mi ruego se golpea contra las nubes rojas del otoño, se golpea...

Contemplo aquellos niños en el caminito viejo. Cantan canciones olvidadas. Ellos son flores que abren su perfume en la tarde; luego se alejan, con sus burbujas de luz, hacia la tibieza de un hogar que los acoge... Un gato los sigue mientras los cipreses oscurecen suavemente su verdor, ofrendándolos a la noche.

Allá, en aquella casa, parece que escucho, muy quedamente, una guitarra. Sus cuerdas desprenden notas que son heridas... Lágrimas negras de la noche siguiendo cauces impredecibles... como el de mi oído desvelado; como el de ese perro que aúlla dejando desgarrones en los castaños.

 La noche es negra, pero hoy su no color no puede describirse: es el color de la desaparición.

A veces, sólo quisiera olvidar. Ser efímero y olvidadizo como la niebla que tararea sobre los prados. Sí, como ella, rozar con mis dedos el agua verdosa que no espera nada...

No espera nada… ni a nadie.

 

Éste es el día en que supe de su desaparición. Siempre, cada año, con la caída de las últimas hojas, un día como este, una noche sin color, caigo yo también.

Hay tumbas donde yace el olvido de uno mismo, pero es mejor no mirarlas.”


                                                                *


Abelino escribía estas aciagas letras en un cuaderno lleno de tachones y manchas de tinta. Arrancó la hoja pensando en que el fuego sería su mejor lector:

 –¡La combustión! – gritó a las paredes,–¡oh, sí!, ¡la combustión es tan atrayente!

Sin aviso, como suele ocurrir, la vela se apagó, y sólo quedó la luz de unas ascuas perezosas en la chimenea.

La penumbra de la estancia era profunda, tanto como la fosa de su tristeza.  El crepitar de la leña creaba un eco extraño, grave, deformado por toda la estancia. Notaba los huesos ligeros, calientes, pidiendo moverse sin control, salirse de la piel, romper los límites del cuerpo.

No podía soportarlo.

En ese instante, una voz similar a la de su abuela muerta, resonó en su interior. Era aguda, insistente, apremiante, casi una orden:

 “Sal afuera. Sal. Corre, corre... Sal. Fuera. Sal. Ahora. Ya. ¡Sal!”

—Está bien. No insistas. ¡Ya voy!

 Al salir bruscamente, empujo el papel recién escrito. Libre,  planeó airoso hacia las ascuas hambrientas de la chimenea.

Entonces los huesos volvieron a su sitio y volvieron a amar su cohesión natural. Y respiró aliviado.

Afuera, la noche serena parecía sedarlo con cascabeles invisibles. Pero la voz de su abuela insistía de nuevo, más aterciopelada y suave esta vez.

–Ahora. Ahora…

Miró desde el porche. No había nada; sólo el tacto hosco, violento del frío.

Miró al cielo. El parpadeo de una estrella fugaz se hundió en la ceguedad de la tierra.

Silencio; algún autillo a lo lejos. Estrellas.

Avanzó. Su frágil respiración braceó indecisa sobre aquella negrura.

Poco después, contempló una confusa silueta, cojeando en la penumbra del camino.

Ante él, una mujer con largo pelo de sauce y ropas raídas, acababa de presentarse.

La realidad lo embistió sin avisar: era su hija, desaparecida hace 10 años. 

Tembló. Sintió de pronto un olor a humo antiguo. Sin poder dar un paso más sintió estrellas muertas revivir a fogonazos por sus ojos.

Dos cuerpos hechos de palabras no dichas se abrazaron en mitad de la noche.

Y cada pecho buscaba las raíces del otro. En silencio, bajo una tierra dulce, desconocida.

Y bajo aquellas ascuas últimas de la habitación, las palabras lloradas en el papel se iban trocando, lentamente, en ceniza, en humo, en noche.




                                                                       ***


Y con este relato  para el Vade Reto cuyo tema es la “Noche” comienzo una etapa de descanso bloguero para dedicarme de lleno a mi próximo libro de cuentos y cerrar así, junto con mi último libro de poemas, una etapa de mi vida.

Gracias por vuestra compañía entrañable y estímulo invaluable.

¡Un fuerte abrazo!



Me dices que me ría contigo

 Desde este vagón, sumida en su vociferante traqueteo, escribo, alegre, me siento bien...:

Un niño, frente a mí, lee. La portada de su cuento tiene dibujadas dos palomas aleteando, queriendo posarse en una mano que se les ofrece. 

El niño baja su libro. Me mira con ojazos inocentes. Me sonríe, casi cómplice. Los pececillos de sus ojos trepan por mis pies; es casi una cosquilla su mirada. Río. Una de las palomas de su cuento parecen salir y posarse en mi propia mano... Noto su delicadísimo peso de ave... Sueña el instante sobre mí; toma forma de paloma, alegre, turgente. Es real. 


*

Nada ha pasado; pero yo lo he sentido, y ahora lo escribo. Hay un mundo paralelo que sigue otras vías a mi lado, muy, muy cerquita. Y ese niño lo sabe.

 Blanca como una ala contra el cielo, miro por los cristales: los árboles, las casas, las ventanas, las oficinas, los dormitorios, los corazones..: el mundo desperdigado es un loto abierto de instantes. 

Y voy penetrando, al ritmo de mi tren, en todos ellos. De la frente dormida de la niña del cochecito a la ceja del hombre sin pasado; del sueño de la joven pianista al bolsillo del soldado muerto.

De la mano que deja una lágrima en el pomo al cerrar la puerta a las manos que sostienen la copa del triunfo.

Huelo la orquídea apretada en el pecho de alguien; la flor que no sabe que es un regalo

y viaja envuelta en una maceta sostenida por una carne que tiembla…  ¡mi existencia también es un regalo! ¿Quién, quien me lleva?

¡Los ojos de ese niño, otra vez, llenos de peces amarillos, me hacen volar entre estrellas! Me han lanzado muy lejos, y ahora planeo sobre una paloma gigante, suave, que me conoce más que yo a ella.

Parece contener toda la alegría de mi vida…

Y veo a lo lejos mi hermosa canica que gira y gira sin parar, terrible y tierna a la vez:



Es el ojo más hermoso y ahora..., me mira.

¡Es esa mi Tierra, llena de brazos que claman abrazos...!

Mi dulce, mi salvaje amante de ojos azules y labios verdes. Vago herida de amor por ti desde el espacio. 

¡No quiero, no quiero alejarme! 

Mi voz... No la escucho como tal. Es el adagio de un oboe que se desangra en nebulosas tras de mí. 

Y al instante regreso y te veo, Tierra, iluminada por la voz-relámpago de todos los niños: 

Le cantan a tu alma...


*


De pronto, he caído en mi asiento. El niño de los ojillos traviesos no está. Ha debido bajar con su madre a su propio destino. Se ha dejado el cuento en el asiento. 

Lo cojo y lo abro. 

No hay letras. 

Hay, Tierra, tus labios. 

Sí; se abren y cierran como el aleteo de cien mil palomas.  

Pronuncian primaveras en la muerte,

vocalizan el sonido de la vida goteando de los árboles. 

Y ahora, Tierra... tus labios se estiran sonrientes... Y me piden... ¡que describa tu sonrisa!

Y yo escribo, fiel a ti siempre -con manos de coral recién creadas para el gozo-. Y escribo, entusiasmada, como recibe aquel árbol su niebla aguda de pájaros... Y al terminar el poema, veo que no hay letras, sino palomas saliendo por una puerta al infinito... 


*


Ya no estoy sola en mi tren; viajo contigo a 100.000 km por hora, sobre tu tibia alma, dando vueltas por el sol.

Tu latido descomunal resuena abriendo mares en el vacío. Y yo percibo, minúsculamente, mi propio alborozo de rosa, deshojándose por el espacio... 





22/4/25

Claridad o nube. Antología poética

                                 


                                   BLOG CERRADO POR  NO PODERLO ATENDER

¡GRACIAS A TODOS POR VUESTRAS HUELLAS A LO LARGO DE LOS AÑOS!

                                                             Fotografía, diseño, edición y dibujos de la autora

Añado estos versos de mi querida amiga MARINA que me dedicó en 2015, inspirada en la antigua fotografía que ahora a pasado a ilustrar la portada de mi libro: 


"Quiero seguir esa huella,
en la misma arena grabada:
por ver a donde me llevan
esas huellas solitarias
quizá sea a tu orilla...
allí donde la magia sueña
donde canta la esperanza:
mas la dicha se acerca."


¡Gracias de nuevo por tanto, Marina!
                               



 




             

3/4/25

LAS FIGURAS DE GABRIEL. Relato fantástico






Este mes El tintero de oro nos propone escribir sobre un tema fantástico. Sólo eso, libre en todo lo demás, pero con un acertijo incluido. 

Irresistible.

Aquí podéis leer más participaciones: Concurso de relatos 46ª Ed. Momo de Michael Ende.


 Fotografía: Welcome - LXN Photography | Lianna Xiaokui Nakashima

"El poder de la imaginación nos hace infinitos"
                                                            J. Muir



LAS FIGURAS DE GABRIEL 

                                                    

 Le llamaron Gabriel porque al nacer mostraba un rostro sereno e inmaculado como un ángel. No lloró. Muy serio, miró a los presentes largamente, con sus recién nacidos ojos completamente ciegos. Las lágrimas torrenciales de la madre surcaron sus rosadas mejillas, dejando en ellas zigzags de melancolía que jamás se borrarían. Más tarde, las caricias maternas  colocarían en aquella piel una danza suave de amor, que iría posándose por los rincones de su memoria como nieve de primavera.

  Gabriel, a pesar de su ceguera, tenía un instinto natural para el movimiento. Su andar no era humano, era el deslizarse de un cisne por el agua. Todo en él era armonía. Había nacido para dibujar con su cuerpo las más bellas melodías del mundo. Por eso, el pequeño, de modo natural, comenzó a bailar hasta con el tiempo, ágil como un antílope y terso como una ola. Coreógrafo de lo imposible, inventaba cada paso; su danza era única en innovación. Llegaba a darle forma, con su cuerpo en movimiento, al canto del mirlo, a la mirada fija de un gato, al choque de dos asteroides o al trajín de una playa saturada de bañistas: toda la vida podía penetrar su cuerpo hasta transformarse en danza: se estilizaba, se esculpía, se retorcía o jadeaba con él.

 El chico fue creciendo imaginándolo todo a través del tacto y el oído. Dotaba de forma y color a todo lo que su cerebro iba interpretando. Poseía una visión interna asombrosa, de la que nadie adivinaba su origen.

 Para demostrar las construcciones que hacía su mente, una vez dibujó a su perro tal como él lo sentía: en el folio apareció la forma exacta de un can, pero sus patas eran estrellas y galaxias sus ojos.

 Los médicos dedujeron que su invidencia era insólita, milagrosa; pues, careciendo de retina, lograba ver la realidad, aunque fuera deformada. En otra ocasión ilustró una rosa: sus pétalos eran alas de abeja replegadas en espiral, y en lugar de espinas tenía pequeños escalones en los que descansaban diminutos seres ciclópeos. Los insectos, que a casi todos repugnan, los veía infinitamente más bellos; les pintaba pequeñas pirámides en la espalda aduciendo que transportaban la música de las flores.

 Sin embargo, a algunas personas las mostraba horrendas, dotadas de colmillos peludos en su garganta y nuca, o embudos en lugar de bocas. A pesar de los rumores acerca de su equilibrio mental, podía desenvolverse con normalidad, incluso trabajar en una compañía como bailarín.

 Gabriel aprendió a habitar en la memoria de quienes lo contemplaban. Su baile era inolvidable, aplaudido en el mundo entero. Pero el joven no era feliz. Hacía meses que una visión se interponía en todo lo que percibía. Se trataba de la imagen de una pareja de bailarines, gigantesca, arrolladora. La mujer era tan hermosa que le turbaba, y su pesar se enamoró obsesivamente. En el hombre, siempre de espaldas, había misterio. Ambos estaban detenidos, suspendidos en la nada.... Un viejo acertijo que nunca descifró le llegaba absurdamente a la mente: 

"¿Qué será será, que aunque nos movamos siempre nos quedamos en el mismo lugar?"*

  La imagen inmóvil e inmensa, de unos 100 metros de altura, insistía en volver al interior de sus ojos ciegos, tal como un faro que girara su luz rítmicamente para encontrarle.

 Hasta que conoció a la bailarina; la compañera que le habían asignado en su próximo ballet: “La leyenda del beso”.

 Era idéntica. Aunque jamás la pudiera ver, la habría dibujado igual que la gigantesca dama. Escuchar el sonido de su voz, puro como las primeras gotas de un glaciar en el deshielo, terminó de corroborar su hallazgo. Gabriel hacía arabescos con el aire, lo reventaba de alegría: la amaba.

 Cuando ambos interpretaron el baile, solos, por primera vez en la sala de ensayos, tuvo que detenerse. En ese mismo instante percibió las inmensas figuras interponiéndose en su realidad. Entonces, inesperadamente, se encontró embutido en el gigantesco hombre, mirando fijamente a la gran mujer, hipnotizado de encanto. Besó con aquellos nuevos labios los de ella.

 Y el placer fue igual de grande que su dimensión. Casi se desmaya. Se sentía crecer, explosionar, romper sus límites, los techos, las paredes... Pero la bailarina también experimentaba la misma felicidad, súbitamente inmersa en aquel cuerpo enorme de mujer. Contemplaba muy abajo, maravillada, los cuerpecillos de ambos besándose en la sala de ensayos.

 La sensación de los bailarines de hacerse más y más grandes a partir de aquel beso, producía un vértigo maravilloso, porque al igual que crecían ellos crecía el amor que sentían.

 Las grandes figuras de la mente de Gabriel, antes siempre detenidas en el tiempo, se acababan de poner en marcha. Se movían, bailaban gozosas… en las dos versiones a la vez, la grande y la humana.

 Cuando terminaron el baile, emergió por la sala el eco de una poderosa cascada; mientras, los dobles gigantes se deshacían y ellos volvían a su tamaño normal. Se soltaron. Se miraron, cómplices. Se rieron.

 El silencio se llenó de burbujas azules. 

 Bailaron de nuevo, esta vez notando sus límites de carne como un placentero regalo. Enseguida supieron que llevaban bailando juntos mucho tiempo, quizá siglos, pues su danza conjunta era el resultado de un aprendizaje perfecto. Los movimientos espontáneos de ambos fluían como un río poderoso, sin resistencia. No sentían los pies. Se deslizaban en una danza sublime, y hasta el aire bailaba en sus pulmones para celebrarlo.


                                                                  ***

* El baile                                 






21/3/25

Poesía absoluta


                                                         *POR LA POESÍA *  



POESÍA ABSOLUTA 

 


Busco la poesía perfecta,

la que contiene todas las respiraciones en un solo sonido.

 

Me hundo bajo la hojarasca del bosque.

y hay un sigilo de túneles inmensos...

y un estallido abriendo las alas de la vida.

Eres tú, poesía…

Me moja la insólita cascada de tu amor

Eres tú, poesía...:

¿Adónde me llevas? 

Me quemas con tu aliento de ángel. 

Me nutre tu dorado vacío por un cordón de estrellas. 

Y floto por la vida... cual feto unido a ti

 

¡Poesía absoluta!

Empapa mis labios

para que sean capaces de encontrar

todos los ríos que salen de tus letras.

 

   ***




                                           FELIZ PRIMAVERA

2/3/25

CIEGA DE TI. Poema desesperado con música de Rasmaninoff


                                                                          
Enlace del avatar de Gisele



 

Rachmaninov (momento músical), uno de mis músicos favoritos, unido a un poema antiguo mío que habla sobre el dolor de la ruptura amorosa. Lo tenía por ahí y he decidido compartirlo porque me parece que la letra y la música aquí se fusionan muy bien. Le he puesto subtítulos para que podáis leerlo directamente en el vídeo. 

Gracias por la escucha y un fuerte beso para esta Primavera que ya acerca sus orejillas...




                                            Versión íntegra del maestro Nikolai Lugansky




15/2/25

Habito en tu boca

                                 El beso, fragmento del cuadro de Gustav Klimt (1907)


                           
                      Creación para Campirela y su propuesta juevera sobre el amor:

                                 No os perdáis las demás participaciones en su blog

                     

 

                                                 HABITO EN TU BOCA


Caminé por un puente de libélulas hasta besarte tan dentro tuyo que ni tú has encontrado mi beso rodando por los caballos de tu sangre. Me he instalado aquí, entre las letras de tu boca; pero no ahora que me estás besando apasionado en el sueño amarillo de esta loca vida; sino antes y después. Siempre. 

Porque aunque no lo sepas, siempre me besas..., me besas dormida, despierta, mirando al vacío...

Besas las tortugas que ocultan mi tristeza, el oleaje nervioso de mi cuello, ¡las gaviotas que escapan de mis labios! 

Besas mi existir cual día sagrado, fervorosamente.... Perennemente me estás besando, desde que nací. Y vivo en tu boca; y viajo sobre el húmedo delfín de tu lengua, y se me abren las aguas azules de la certeza al amarte y beso en tus labios el sentido de las cosas, y, aun, ¡aun te amo más...!


 A veces, al ponerse el sol, yo me recojo en los límites tiernos de tus labios, ondulándome cual maullido en la noche.  ¿Me ves? No puedes. Sonrío asomada en la comisura de tu labio, besada, lamida otra vez por ti sin que te des cuenta, salvo por un sabor a almendra dulce que reconoces. Entonces en tus sueños te voy besando más y más dentro...

¡Ay esa boca tuya... besada y besada por mí hasta encontrar a Dios...!

Despiertas y me besas... Te beso... y no importa ya quién es quién... 


                                                         ***