22/10/20

El abedul apasionado (historia verdadera)

 

 

 

   

 EL ABEDUL APASIONADO

  Fue semilla una vez. Como yo, embrión en el vientre de mi madre, él, en el de la tierra, mamaba suavemente la humedad. Algo misterioso dentro de sí mismo le fabricaba diminutas raicillas, como a mí dedos de sangre, para aferrarse a los terrones que serían sostén y alimento. Le llevó mucho tiempo romper la coraza del suelo y asomar sus diminutos cotiledones a la hoguera de la luz, repleta de soberbios troncos, de esplendor y de hojas libres susurrantes y perfectas. Él soñaba día y noche con un pedazo de cielo que en lo alto le agarraba las ramas tiernas y tiraba de él llevándolo a un baile maravilloso inundado de trinos azules.

 

                                      betula pendula

  

Quería llegar hasta allí, pero era duro: las sombras de otros árboles abofeteaban sus tímidos impulsos de crecimiento. Y a veces masticaban sus recientes hojas las pequeñas sierras de los insectos, o se veía desgarrado por una granizada lanzada desde un frío grito de las nubes, esas mismas que otras veces se entregaban sumisas y en hilos de seda al puro azul.

  Él era abedul, o así lo delataba su estilizada figura recubierta de papel de luna y ojos negros que contemplaban extasiados los mástiles del bosque y sus flamantes velas verdes.

  Era abedul, bailarina delicada con piel de plata siempre danzando hacia arriba, con cascabeles en las ramas. Alegre, poeta, se sabía efímero, incapaz de sobrevivir a los implacables rayos del tiempo. No obstante, luchaba con el tesón de un dios por su pedacito de aire, luz y agua. Y mientras luchaba, jugaba a trinar con los pájaros y rimar con el sol.

 

                                                                          betula pendula

  

  Creció muy cerca de un riachuelo que surcaba el bosque en primavera y que arrullaba sus noches junto a los búhos. Era tierna esa agua; le refrescaba las raíces, los pensamientos, le acariciaba la savia; y su voz era una canción exquisita y maternal que lo impulsaba a crecer más y más. Y creció mucho, pero siempre delgado, apresurado, idealista, con ese exceso de mimo por la abundancia del agua que le hacía precipitarse confiadamente hacia el cielo. Sus raíces no eran sólidas y se agarraban con demasiado entusiasmo a una tierra inestable.

  El riachuelo, una primavera de lluvias compulsivas y feroces, creció hasta agigantarse. Y se comió locamente, irracionalmente, como es el agua emocionada, toda la tierra que sostenía las raíces del árbol. El abedul de risa sonajera se desplomó.
Ya no hay poeta en el bosque, ni adolescente apasionado, ni danzarina de largos brazos de luz. Sus raíces se retuercen inermes en el aire gritando como un violín que desafina.
Han pasado algunas lluvias desde entonces, y el riachuelo, más callado ahora, no ha vuelto a ser el mismo que era.

 

***


 

Fotografías y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

(Las fotos fueron tomadas en un bosque de abedules del Pirineo catalán (España). En mis rutas pirenáicas a menudo encontraba árboles arrancados de cuajo debido a los aludes, o como en esta historia, a algún desbordamiento por fuertes riadas. Es bastante impresionante.)

Mi novio Salvatorus (Este jueves, un relato)

Pintura: Nicoletta Tomas

Para el reto juevero que nos propone Dorotea con el título: "Un elefante en mi mesa".
 

MI NOVIO SALVATORUS

 

 Sé que estoy un poco loca; lo sé. No encuentro la manera de dejar de ver animales en las personas. Yo misma soy una ardilla roja, inquieta, y con ese afán de guardarme palabras en los mofletes, para cuando hagan falta... Y ahora pensaréis que el elefante que se invitó a mi mesa es otra de mis chifladuras... Pues no. Su nombre: Salvatorus elephanticus, subespecie musicalis lo define: 

 Masivo de cuerpo y de alma; fuerte generoso, noble, bravo y protector como un soberbio elefante, se sentó a mi mesa de la cafetería como si me conociera de toda la vida, y en tan solo dos minutos, os lo juró, aquel tipo me cautivó. 

 Era feo para el gusto humano, pero a mí de humana no me queda mucho. Su larga nariz vibraba al ritmo de sus bromas, barritadas con esplendores de orquesta;  sus ojillos enterrados entre sus gruesas mejillas guasonas y sus espectaculares orejas parabólicas despertaron toda la curiosidad de ardilla que hay en mí. Con su memoria elefántica me recitó tres páginas de Shakespeare y la letra "A" de amor, completa, de la enciclopedia Espasa.  Luego tocó la "Danza del sable" en un solo apabullante de trompeta. Pero lo que más me enamoró fue su enorme corazón capaz de bombear su sangre y la mía...

 Salí feliz de la cafetería, a lomos de su masivo ingenio, un poco anonadada de contemplar el mundo desde esa vista única... Y seguí montada sobre esta dulce corporeidad durante tres años... hasta que mi bella historia terminó, como ocurre con todo lo inolvidable. Las estrechas camisas de cemento le hacían daño y quiso buscar otras más amplias, de hierba y cielo, marchándose a la sabana africana, a fotografiar elefantes para el National Geographic. 

 Yo no lo pude seguir, debido a mi trabajo recolector y a mi temor a la horizontalidad sin límites. Quizá sea cierto que una ardilla y un elefante no son compatibles... Los cohetes de nuestras vidas se dispersaron en direcciones opuestas... Pero a veces, en lo vivos atardeceres, me siento muy nostálgica. Entonces, me subo a uno de mis pinos y creo escuchar las notas de un apoteósica trompeta quebrando las nubes de mi alma en hilillos naranjas... 


***



El mago del bastón

 

Micro relato para el reto de Lidia, basándonos en esta carta y el dado:

Lidia

 

 Se despertó y vio esa mañana una arañita destrepar por su hilo traspasado de sol hacia su pierna somnolienta. Lo tomó como una señal. Salió al balcón y orquestó su último acto de magia con su batuta-bastón. 

 Las golondrinas del eucalipto de enfrente, convirtieron sus trinos en billetes de quinientos y fue repartiéndolos por los barrios más pobres, y así, despidióse del mundo con una música bellamente solemne.

 Luego lo tragaron las arenas movedizas de la muerte hasta salir por el agujero negro de la Vía Láctea, sin perder, eso sí, su bastón en ninguna estrella.

11/10/20

El amor más allá de la muerte

https://www.youtube.com/watch?v=UM1FiDauxiI&feature=emb_title

 

 Para Inocencia y Tere, con gran cariño


En el móvil el vídeo no se ve, no sé porqué.
Aconsejo verlo en ordenador. a pantalla completa para leer el poema y con auriculares por un problema de reverberación (aún tengo que perfeccionar la técnica) ;) Muchas gracias. Espero que os guste.

                                   Volarela



8/10/20

Nuestra propia música (reflexiones y fotos)

 

Volarela

 

 NUESTRA PROPIA MÚSICA

 

 No sabemos nada.

 A lo mejor soy de niebla y mañana estoy allá, convertida en una gota de agua, sobre un pensamiento del prado.

 Nada sabemos de nuestro existir... Sentimos punzadas húmedas, inspiraciones.... como pequeños croares en la charca de nuestro sueño.

 Y pasamos por la vida, como la niebla, acariciando las cosas de soslayo; empapando con nuestras vocecillas de nata las hojas de los árboles, conscientes de que un día la noche nos cerrará los ojos, nos llevará de la mano, y nos dará de su pecho lácteo.

 Nos cruzamos... unos con otros (nieblas con nieblas). Los labios neblinosos de nuestros corazones se besan. Y seguimos bulliciosos después, como los torrentes, sin saber hacia dónde nos llevarán estos abrazos de hilo blanco.

 

  Volarela 

  

Avanzamos vaporosos, ufanos, felices..., o lacrimosos y heridos, impregnando nuestra baba de caracol por el cosmos,  sin saber que nuestra cristalina estela va dejando una canción que no oímos... Hasta que un día subimos muy, muy alto, y alguien nos dice que escuchemos con atención nuestro propia música: todo lo que fuimos; todo lo que hicimos; todo lo que dejamos.

  Y sonará a campanillas de nieve, o a bocinazos de bus, o a trombones de oro, o a violines rotos, o a cencerros grises, o a platillos amarillos, o a flautas de agua, o a rebuznos mágicos, o a una orquesta completa...

  Y nos asombraremos de las innumerables ondas que fueron dejando nuestro pasos ciegos por la niebla. 

 

***

 

Fotografías y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

Fotos del Pirineo (España), en días neblinosos

 

   

 


De niebla (Este jueves, un relato)

                                                                 Imagen: Ester Idelson  https://www.flickr.com/photos/idelsonsveta/8257824866/



 


Improvisado para "Este jueves un relato", cuya temática es la niebla, propuesta por Cecy (perdonar la extensión y los errores.)

https://gotasdelluviasobremipiel.blogspot.com/2020/10/participantes-jueveros.html 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                   DE NIEBLA

 

 Es cierto que nunca le creí. Y sin embargo desapareció, cuando menos lo esperaba, entre la niebla.

 Los días de niebla me sabían a él: una mezcla de menta, tormenta, melancolía, canela y aullido de lobo solitario. Cuando se acercaba a mí, una sutil niebla gris me soplaba los pulmones dulcemente, y enseguida yo acudía a tomar su beso húmedo, impregnado de lánguida nostalgia, y me quedaba un regusto en los labios de tristeza; de plumas huyendo, que no puedo descifrar.

 Él, se apareció, sin más, un día de densa niebla. Lo primero que vi fue su negrísimo cabello rodeado de una exuberante espuma neblinosa, como un gran halo en su cabeza. Algo ya anunciaba que venía a por mí.

 No pude evitar rozar con él, ir a su encuentro, disimuladamente. Nos topamos, fingiendo que no veíamos bien debido al horrible tiempo de gasas erráticas. Y entró en mi vida, con toda su carga de hojas volátiles, de verbos inacabados. Desde entonces, me perdí con él en su mundo caótico, confuso, lento, poéticamente hermoso, pero falso. Todo lo que salía de sus tiernos labios de humus fresco eran fantasías. Y yo las creía, magnetizada por su lengua de ave incomprendida y mística. Lo amé con la pasión de un fuego voraz, que se destruye a sí mismo, porque dentro de él no parecía haber nada más que niebla… Si me amó o no, no puedo decirlo. Sólo constato un vaivén de olas húmedas e imprecisas sobre mi alma, como lágrimas que no llegaran a caer nunca.

 Me construyó un castillo propio de gotitas fantásticas, donde nadie más podía penetrar. Me invitó a saltar por el acantilado, diciéndome que volaría cual vaporosa nube, pero afortunadamente, no lo hice. Y lo perdí todo: mi trabajo, mis amistades, mi vida entera se deslizó por la resbaladiza cascada de este amor sin cimientos, caótico y temerario.

 Debía de ser cierto, como él proclamaba, que no era del todo humano; que sus venas llevaban niebla y no sangre, porque desde que el primer día que me besó, un humo extraño circula por mi cuerpo, y tengo una desazón que no sé cómo llevarme; y todo me parece cada vez más incierto; y ando perdida; y, a menudo, no sé como afianzarme a la tierra.

 Cuando se marchó me dijo que la niebla está poblada de criaturas; que él era una de ellas y debía entrar de nuevo en el cuerpo de su gran "gata blanca". Se alejó hasta difuminar su cuerpo en la niebla voluptuosa de aquella mañana invernal.

 Y yo, loca e inestable, como hiedra en el aire, intenté después buscar unas raíces que me sostuvieran... Deambulé muchos, muchos días… perdida y escupiendo lágrimas de humo...

 Pero el tiempo pasó; y conseguí afianzarme de nuevo a la vida real, con un amante de verdad, con una hija de verdad, con una vida de carne y hueso… Hasta que lo vi de nuevo. Y se derrumbaron todas mis piedras. Tras treinta años, era el mismísimo joven frío, con su cabello negro de córvido y su aliento de mentas vaporosas que hasta mí llegaba. Iba agarrado, con sutiles dedos de nube rosa, a la mano de una joven ingenua como una tórtola: mi propia hija. En un compasivo arrebato, ella soltó su mano y lo besó, mientra yo corría hacia ella con los ojos en llanto, nublados por una espeso grito de niebla. 

 

 ***

 


Volarela

27/9/20

Escondido entre flores


                                                  Fotografía de Oleg Oprisco

 


 

 

  Sí, te preguntas por qué tengo este empeño en plantar más y más flores. No hay semana que no se sume una docena de especies nuevas a mi colección de colores vivos  y fragantes. 

  Bien, te lo explicaré. 

  De pequeño, cuando tan solo tenía tres años, escuché que una joven fantasma de cabellos trenzados de color naranja, rostro pálido como el mármol y ojos inocentes que parecían atravesar las cosas sin mirarlas, dejando ver la pureza del cielo nada más, se paseaba por cada rincón donde hubiera un grupo de flores. Portaba entre sus dedos finos como raíces una regadera azul, y parecía darles con esa agua una segunda vida celestial a las plantas que a sus pies la esperaban. Al menos, la imaginación de la gente decía eso, pues por donde pasaba las flores se encendían aún más, y al irse se marchitaban un poco. 

  La aparición era cálida, inocente y dulce, y a las gentes no les asustaba, pero sí intrigaba. No se hablaba de otra cosa los meses en que duró su nostálgico devenir entre los cálices, buscando algo dentro de ellos, regando luego con su regadera azul, y esperando alguna clase de milagro dentro de las flores.

  Todos en el pueblo habían sentido pasar su lírica fragancia de violetas por sus jardines. Yo también la vi; varias veces. Me escondía entre las flores con la esperanza de que se me apareciera a mí. Y puedo decir que jamás olvidaré su mirada. Si dijera que el amor más extenso se mecía en aquellas dos pupilas oceánicas al mirarme, y que yo me sumergía como un juvenil delfín en aquel mar, parecería sólo cosas de poeta, pero juro que es literal. Me sentía libre y ligero cuando la veía, dichoso, vivo... Ella me dirigía hacia un mundo brillante, pacífico, donde vivir era un juego liviano y musical, que llevaba a otro juego más en una cadena de risas enlazadas; mi tiempo, mis palabras, mi ilusión se hacían fugaces y veloces a su lado, como un verdadero salto de delfín, y a la vez nos deteníamos a contemplar el milagro de la vida de cada flor, insecto o humano penetrando en su interior con la calma del paso de las nubes.

  Sí, fui feliz como nunca, a pesar de que siempre sus pasos se alejaban en una despedida silenciosa, que yo intuía sería definitiva en algún momento. Y lo fue. Y dejé de verla. Y la esperé junto a todas las flores que encontraba en mi camino, pero no volvió.

  Lo que me intrigaba de chico es por qué callaban bruscamente cuando se hablaba de ella y yo aparecía... Me dejaban  una incógnita doliente y muda con sus tristes caricias en mi pelo... Años después, supe que era mi propia madre, la cual murió al poco de darme a luz, consciente y serenamente.

  Soy botánico: colecciono, estudio, clasifico. Toda mi vida gira alrededor de aquella dama que sólo conocí en modo inmaterial y fugaz como el mismo tiempo, del que nadie puede negar su existencia. Así pues, ahora sabes un detalle más de mis flores. Entre ellas todavía sigue escondido un niño tembloroso, esperándola.


*

Este pequeño relato surgió de esta bonita imagen; una entre varias de lo más bellas para inspirarse. Una propuesta de Ginebra en su blog Varietés para el mes de septiembre: http://varietes-ginebra.blogspot.com/2020/09/imaginacion.html

 

 

Embebidos de azul... (Poesía)

Foto: Volarela

 

 

 

EMBEBIDOS DE AZUL

 

Luces en el mar. La ciudad canta su brillo de escarabajo.

Hojas de palmera, abanicos de la paz... 

Nada la nostalgia por el agua con cuerpo de sirena.

 

Tú y yo  respirando la flor del silencio. 

El deseo nos atraviesa con su arpa de estrellas.

 

Tu y yo viajando por el espasmo inacabado del universo.

 

Mañana, 

la frente del mar la acariciarán las gaviotas al posarse.

Mañana estaremos completos.

Y alegres.

 

Y, embebidos de este azul total,

recolectaremos conchas

en la orilla de la vida.

 

***

 

Fotografía y poema: Volarela (Maite Sánchez Romero) 



18/9/20

Visiones

 


                                                            




VISIONES



  Huí con todas mis fuerzas. El tiranosaurio rugía destrozando árboles a su paso.    El miedo tiritaba en mis dientes hasta hacerlos caer. Y cada muela mía gritaba su abandono, allá perdida, en la ira del llano.
  Yo corría sin parar, ni siquiera tuve tiempo de calzarme. Tragué muchas exclamaciones, y mosquitos y llantos de cascada. Pero no me detuve. Cabalgaba, sin crines y con dolor en las entrañas.
  La sombra del reptil llegó antes que yo. Cubría mi rostro de babas coaguladas. Y ese aliento... a hambre podrida... me resultaba tan familiar... Luego, unos ojos sobre mí, llameantes, comenzaron a arder dentro de mis vísceras... Agarré el palo del pánico y tanteé como un ciego la salida.
  Una puerta negra se dibujó repentinamente entre el follaje. La abrí y pasé al otro lado, casi sin mirar: un hueco tenebroso, amarillento y resbaladizo como boca de águila me esperaba; no tuve más remedio que lanzarme... Y empecé a caer muchos, muchos metros, hasta que mis oídos sintieron el conocido sonido de una voz expectante:

-Roberto, ¿Cuántos clientes nuevos hay? ¿Ya estabas distraído, eh? Mirando por la ventana como un estúpido.
Venga, gallinácea, que te estoy esperando...

  Brutalmente desperté de mi visión. Noté el mismo olor a hambre podrida en su aliento; contemplé una vez más la pequeña baba casi coagulada, escapándose de su comisura irónica; y los ojos de fuego quemando bosques que querían llegar a mí corazón...

 Casi paralizado por el miedo, me levanté y, sin poder explicármelo, mi furia emergió sin freno, resonando como un terrible chirrido de águila por toda la oficina:

  -Señor Martín: ¿Ve a sus clientes volar por la ventana? (los papeles de mi mesa caían felices, cual palomas liberadas). Me marcho. Búsquese las vísceras de otra víctima. 

  A continuación, di un portazo feroz como un alud de piedras, que acabó de un golpe con toda mi vida, y se pincharon los miles de globitos sumisos de mi pasado...

  Ahora no trabajo. Entran las avispas por los agujeros de mi tristeza, y mi mujer no me ama. 

  Lo he perdido todo..., salvo mi dignidad.

 

 ***

Texto: Volarela

 


"La dignidad no tiene precio. Cuando alguien comienza a dar pequeñas concesiones, al final, la vida pierde su sentido. "

(José Saramago)

 

***

 
Podéis encontrar más relatos sobre la INSUMISIÓN en el blog de MOLÍ DEL CANYER que os invito a que leáis: http://molidelcanyer.blogspot.com/

16/9/20

Simple


 






SIMPLE

 

"Sé tan simple como puedas ser; te sorprenderá ver lo poco complicada y feliz que tu vida puede ser" Yogananda

 

Quisiera que me miraras y vieras al fresco mar
meciéndote
a través de mis ojos.

Quisiera ser simple como una flor en la mano de un niño.

Ser una más entre los rectos troncos,
simple...
como una mano tendida,
como el maullido de un gato,
como una huella en la nieve.

Aprender a ser...
callada y esperanzada
como un huevo en su nido.

Quisiera ser tan elemental como un abrazo,
tan verdadera como las piedras,
sin arrugas en el alma, lisa
como el horizonte.

Ser, tan sólo ser...
hasta que todos vean transparentarse mi alma
y contemplen a través de mí
la exquisita danza de la luz.

 

 

***

 

Fotografía y poema: Maite Sánchez Romero

 

*


                                       Haim Shapira interpreta adagio de Vivaldi