Hombre sobre la arena. Relato en honor a Italo Calvino

 

Tintero de oro: concurso y homenaje a Calvino

https://concursoeltinterodeoro.blogspot.com/2024/02/italo-calvino.html


Este relato lo escribí hace tiempo, cuando aún no había leído ni sabía nada de "El vizconde demediado" de Italo Calvino. Se asemeja algo a su historia, para mi sorpresa. Por eso, y por la gran admiración que le tengo a este autor (y a esta novela en particular), lo publico. A ver qué os parece. 



                                                       Imagen de Enrique Meseguer 



            HOMBRE SOBRE LA ARENA

 

Aquella noche solamente un gato fue testigo de la caída del hombre sobre la playa. También vio cómo sus ropas desaparecían hasta formar una bola de algodones flotando, muy cerca de sus ojos juguetones de felino.

El extraño desconocido quedó desnudo sobre la fría arena de enero, a merced del lamido caprichoso de las olas de la orilla.

Parecía dormido, quizá inconsciente. Nadie lo vio, y por supuesto, nadie lo asistió. El agua gélida de una noche rígida como un témpano escupía a intervalos sobre sus pies, insensibles como la misma arena.

El gato maulló e intentó seguir  la inesperada pelota, la cual escapó airosa, hasta perderse en la negrura del mar.

La historia de este hombre llamado Chronos es tan curiosa o más que lo que contempló el felino.

Su alma, antes de caer en este mundo, por un error de la naturaleza, se duplicó. Y así fue que nació dos veces en dos cuerpos diferentes, desconociendo completamente cada uno de ellos que tenía un gemelo pululando en algún lugar del planeta.

 En todo eran idénticos; pero uno tenía una personalidad pausada, diríamos de koala (excesivamente pausada según los cánones humanos) y el otro veloz, diríamos de rayo (excesivamente rápida según los mismos cánones).

El primero había hecho una costumbre de la tardanza, y hasta un arte, pues su lema era lograr la perfección frenando el tiempo todo lo posible. Caminar muy despacio, se decía a sí mismo muchas veces, para poder escuchar el murmullo juguetón de los átomos del aire sobre la piel.

Pero su vida era un desastre. No hacía mucho que recordaba haber guardado uno de los dientes de su pequeño, cuando de pronto se presentó con un diploma y una novia... ¿Qué podía decirle, salvo bendecirles con su tartamuda sonrisa?  Su mujer le tildó de mal esposo, reprochándole que la había amado demasiado tarde. En su trabajó no le podían despedir porque nunca llegaba a la jubilación.

  Él nos diría que viéramos por sus ojos, donde el mundo transcurre a cámara hiper lenta; de ese modo, se puede “leer lo que no está escrito”, según sus propias palabras.

Entre el hueco de los segundos él se colaba, logrando ser testigo de ese "no" que su amigo le iba a decir, pero quedó flotando en el aire, mudándose en "sí"; o ese microsegundo, entre el choque de cuernos de dos carneros, en que un temblor de tierra sube a destruir una ciudad tan sólo a tres kilómetros de allí; la gota de lluvia resistiéndose a caer por la teja hasta llegar al lagrimal de un gato, cuyo maullido se hace uno con el suspiro de una muchacha enamorada que ha pisado sin querer la lentilla de su abuelo...

Sin embargo, no era feliz, pues cuando él hablaba todos se habían marchado. Era un invisible, un torpe paralizado en cada acto, un inútil atemporal y sin remedio. Y estaba tremendamente solo bajo el aliento de la vida, recolectando el eco de su fragancia.

  Su segunda vida paralela no resultaba mejor, pues era justo lo contrario. Se adelantaba demasiado. Se pisaba a sí mismo de tan deprisa que iba, tropezando con sus propias intenciones.

Le adelantaba su sombra al caminar, metiéndose insidiosa donde no debía. Cuando se casó, él ya se había divorciado. De su conversación sólo se entendían las últimas palabras; y el viento se montaba sobre él, tomándolo por un caballo humano. Se sentía muy solo, incomprendido,  como un tren de alta velocidad en un planeta vacío, sin pasajeros ni conductor, por unos raíles infinitos que nunca se detienen. Iba tan veloz que no lograba ver el paisaje.

Sus compañeros de trabajo lo odiaban porque siempre llegaba el primero a todos los sitios, físicos o mentales. Su inteligencia era un rayo colosal. Escribía libros sin parar, que nadie conseguía comprender, ya que anticipaban conocimientos, e incluso hechos, de muchas generaciones posteriores, siendo tomado por un loco. Llegó a sentirse tan fuera de lugar, tan solo y abandonado, que en lo que dura el parpadeo de un águila, se odió, lloró, se despreció, corrió dos maratones y media y casi se suicida.

 Como sabemos, al destino le gusta jugar de vez en cuando y es como esa bola de algodones que bromeaba con el gato de la playa. Así, los dos hombres, a sus 35 años, sin conocerse absolutamente de nada, fueron a parar a la misma ciudad, y a la misma playa, en la misma tarde. Casualmente, se cruzaron, cada uno absorto en sus macro e ultra pensamientos. La idea de los dos era la misma: acabar de una vez consigo mismo, con su absurda, infeliz existencia. Ambos vieron al otro a lo lejos, idéntico a sí mismos; y los dos, según avanzaban, uno lento, otro rápido, tenían la sensación de ir adentrándose en un espejo. Y así fue, literalmente. Al acercare aún más sus personas, con pasmosa incredulidad, sintieron la succión del otro hasta que cayeron al suelo como muertos, congelándose sus latidos en uno solo, y reajustándose después al compás del oleaje, ese que escupía la sabiduría oculta del mar. Durante toda la noche, estuvo lamiendo un único cuerpo y una única alma.

 Un hombre desnudo, total y único, amaneció con los primeros bostezos del cielo. Sólo portaba un reloj en la muñeca, el cuál miraba como hipnotizado. La gente, escandalizada, lo contemplaba. Él les preguntó la hora: era exactamente la misma que marcaba su reloj. Con ímpetu y alegría de iluminado, comprendió que estaba ajustado, equilibrado en un precioso punto medio, al ritmo del reloj universal.

 Echó a andar, pues tenía que empezar a vivirlo todo de nuevo…:

Sin prisa, pero sin pausa.

Cordero perdido


                                             BLOG EN DESCANSO INDEFINIDO


                                                                             




  Esta entrada se ha publicado sola, sin mi permiso. Supuestamente iba a dejar el blog en descanso...


 La escribí hace tiempo, a raíz de un balido escuchado muy lejano, en las montañas, desde mi tienda de campaña y bajo un cielo estrellado de los Pirineos... Año 2017


CORDERO PERDIDO

 

La bruma no duerme. Camina manchada de noche por los valles, sinuosa, voraz. No quedará nada que no haya lamido fríamente su lengua fantasmal.

No hay estrellas en el agua del arroyo. El bosque es una espalda negra que tirita. Desde lo más profundo rasga la negrura un balido tenue, seco y desgarrado.

Algunos elfos acaban de llamar a la brisa para que borre, poco a poco, la pesada melena de niebla que asfixia al bosque. Se oye de nuevo el balido, y algunos pájaros despiertan removiendo la triste quietud de las hojas. El río porta en sus aguas la pálida luz del balido como si llevara una estrella moribunda. Y llega hasta mí compungido, turbio,  y del color de la angustia.

El balido sigue resonando entre los árboles, buscando una respuesta: ¿Dónde está mi madre, dónde?

Imagino un cordero perdido, de tiernas hebras de luna, redondo de tanta inocencia, vagando por los afilados dientes del miedo, con sus ojos heridos de tanto preguntar.

Y en los troncos las aves cantan en sus sueños: “Cordero, espera la luz de mañana. Espera”.

Hay un crujir de patitas lanudas por el suelo; y aún se escucha el largo gemido de estaño zarandeando las ramas. El cordero no entiende; llora resina en la vastísima noche porque no encuentra el final de un hilo tan negro.

El animal solitario se agota y se deja caer en el suelo. Cierra los ojos mientras dedos de sombra verde lo acarician, y le susurran con la siseante voz de los árboles:

“No estás solo. Te están buscando... Espera, espera la luz de mañana”.


© Volarela

La escribidora de cartas. Relato de amor

 



                Tarjeta diseñada con cariño por Mónica  Neogéminis, gran escritora y creadora de puentes que unen.

                        

                   

                       ME DESPIDO POR UN TIEMPO DE DESCANSO

                      (UN ABRAZO JUNTO A MIS AMIGOS JUEVEROS)



https://www.abebooks.com/paper-collectibles/Lettres-Autographes-Sign%C3%A9es-Andr%C3%A9-M%C3%A9tayer-Yvonne/16415345970/bd



No había día que no tuviera su carta terminada. Con sus dedos temblorosos la cerraba cuidosamente siguiendo un ritual único para ella. Ponía sus labios sagradamente sobre el sobre y estampaba un beso grácil como una libélula. Entonces me miraba, con un destello de luna feliz en los ojos, y me la daba para que la llevase al buzón más cercano. Yo la sonreía una vez más, y al salir guardaba la carta en mi bolsillo, sin intención de moverla de allí. Aquél a quien iba dirigida había muerto quince años atrás:

  "Su marido es uno de los desaparecidos en combate". Eso fue lo que nos dijeron en la embajada el mismo día en que un hacha partía en dos la mente de mi madre y mi futuro.

 Ella era y es, posiblemente, la cabeza más brillante de su generación: doctorada en matemáticas, elucubra ecuaciones sobre la gravedad. Cincuenta años, voluntariosa, apasionada, entregada a los números, medio inválida pero brillante como Sirio. Realiza conferencias desde casa acerca de la teoría del caos y variadas “bagatelas astrofísicas”, como ella dice.  Sin embargo, padece una extraña locura, una grieta en su cerebro maravilloso la hace vivir detenida en el día anterior a que nos dieran la horrible noticia. Desde entonces, han pasado quince largos años… Pero para mi madre, él acaba de partir y ella es todavía una jovencita con un bebé en su vientre.  Y lo está esperando… Lo espera desde aquel momento, borrado para todos menos para su corazón. El tiempo es una ilusión existente sólo en la mente humana, me dice muchas veces. Y no hay quien la convenza en ese punto. Su marido sigue vivo, y, por supuesto, espera ansioso sus cartas. La realidad es muy seria y tiene infinitas vías paralelas, afirma riendo y con una nueva misiva para darme. Cada día es así; cada día le escribe, y le cuenta… y desahoga todo su amor contenido. Yo me declaro incapaz de contradecirla: no sé si se engaña para sobrevivir o realmente lo cree.

No lo sabe, pero en mi habitación hay una pila enorme de cartas suyas. Al principio me daba pudor leerlas; pero un día la curiosidad me venció y abrí varias. Desde entonces, he leído muchas. En cierto modo, me hace ilusión entrar en su mundo y salir del mío; creerme su fantasía. Me nutren. Es como si ella abriera una puerta tierna y esperanzada que yo jamás podría abrir. Si soy sincero, no quiero que salga nunca de su locura parcial. La amo así.

Ésta es una de sus 4310 cartas. Sólo un ejemplo de cómo era y de su enorme amor por mi padre:

  

“Valencia, 15 de Mayo del 1972

 

 Hola, soldado mío, embrujador de distancias; sin masa que yo pueda estrujar, me pesas aquí dentro como un agujero negro… Abejorro negro, mejor dicho…: ¡ya no libas de las incógnitas juguetonas de mis labios!

¿Por qué tardas tanto?

Tengo que decirte que hoy me han lastimado. Y no es la primera vez. Alguien me ha dicho que no existes. Majadero...

Sí, me ha herido... Porque ¿quiénes son ellos para decir lo que es y lo que no?

Te difuminas, amor, creo volverme loca… Alguien o algo te está alejando de mi lado.

Pero lucharemos.

Tuya siempre, tanto que dejo de ser mía.

Te pongo el logaritmo que anuncia los reencuentros y beso la carta con mis labios en posición de infinito:

  log10 100 = 2 (recuérdalo)

 

Malena”

 

Y aquí dejo otra más lírica en que parecía intuir la realidad que todos ignorábamos:

 “Valencia, 9 de septiembre del 1980

 Te fuiste tan lejos, amor... 

Mis lágrimas rodaron, buscándote, a través de estepas, valles de gritos, autopistas locas. Árboles, árboles abrazados se quemaban en mi mente. Corrí por encima de cabezas anónimas, pero no vieron arrasarse la ciudad bajo mi llanto.

La tristeza sigue agujereando tumbas entre mis jacintos muertos. Orificios sin fondo que voy llenando con tus recuerdos.

Si supieras cómo se disipa mi calor de mujer, de ser humano... Esto es lo que tengo ahora: un río helado engullendo mis pálidos ojos. Miedo. Frío.

A pesar de todo, te espero; nunca pierdo la esperanza, cariño de mi ser. Enciendo una vela cada noche y la soplo suavemente, sin llegar a apagarla. Ella vibra, zigzagueando con mi aliento. Y me figuro que es tu sonrisa bailarina. Con ella duermo. Con ella vivo. Ni toda el agua que me aplasta puede apagarla aquí dentro.

 Te ama hasta el límite,

Malena”

 

 

                                                    *

 

 

Hace pocos días vi a mi madre alterada. Le temblaban las manos cuando me dijo con expresión desesperada que ya había esperado demasiado. Estaba agotada y creo que presentía su muerte. Me suplicó durante horas, como si yo tuviera algún poder, que la llevara junto a mi padre; que moviera mares y montañas para buscarlo en Rusia, antes de su final. Le contesté que era imposible porque llevaba muerto quince años. Se quedó callada; su rostro se paralizó en una mueca de agonía, como si hubiera recibido un impacto de bala a través de mis palabras. Se levantó después muy despacio y se fue hacia su escritorio.  Yo la dejé sola. Estuvo toda la tarde escribiendo y rompiendo papeles que desperdigaba por el suelo…. Me encontraba tan turbado, dolido, confundido por ella…  Pero no podía hacer absolutamente nada.

 Aquella misma noche murió. En su mano agarraba con fuerza una última carta. Decía así:

 “Querido… ¿Dios? o lo que sea que hay tras el telón y estas máscaras de cera…:

La vida es una incógnita que yo no he conseguido descifrar.

Pero te suplico que me escuches: dondequiera que esté él. Dile que venga a buscarme. ¡Tú puedes hacer que las paralelas se crucen!

Por favor, envíale mi voz. Haz que le llegue, ¡Grito su nombre! ¡Su nombre!”

 Lo más extraño de todo…, (ahora, ya puedo contarlo, escupir la absurda incógnita de la ecuación, al fin...) es que mi padre no había muerto. Apareció de golpe, en el umbral de nuestra casa,  sólo dos meses después de la muerte de mi madre. Estuvo condenado en un campo de concentración ruso todos esos años, hasta que al fin, cuando cambiaron las circunstancias políticas, pudo ser repatriado. El mensaje del embajador español fue erróneo, no sabemos por qué. Durante su cautiverio, como el resto de presos españoles, fue privado de comunicación con su familia.

Ya tarde se encontró con ella... sobre su lápida. Las paralelas no pudieron cruzarse, pensé después de conocer a mi padre.

Le entregué la gran caja de cartas que abrió asombrado con sus raquíticas manos. Lo abracé casi como si no fuera de este mundo… Para mí era un extraño que sólo conocía a través del amor de mi madre. A pesar de su notable debilidad me abrazó con una fuerza tremenda.

Lo dejé sólo junto al cajón de cartas. Debía hacerlo…

Lo miré por última vez, de espaldas a mí, arrodillado, temblando. Azotado por una intensa emoción, sacaba con frenesí una tras otras las miles de cartas que iban cayendo a su alrededor como blanda nieve amarilla. Antes de salir de mi casa escuche su ahogado pero profundo lamento. Jamás podré olvidarlo.


***


     



Historia de un abrazo

                                                      Ilustración: Josephine Wall



           "Eres un enjambre

            de mariposas danzantes

            inclinadas en tu jardín
                       voloteando
                       voloteando..."

Mari Carmen Názer El diamante perdido


Amiga; planeta gigante poblado de deliciosos ensueños. Mi alma sigue agradeciéndote todo lo que me diste hasta el punto de que escribo por ti. Siempre a mi lado, tierna madre de letras.

Ella es Mª Carmen Názer: esplendorosa, única, sensible, generosa...

Y en su honor publico este relato, que estoy segura me lo inspiró desde lo alto. Los que la conocimos sabemos por qué. 

Aprovecho la estupenda iniciativa de Tracy donde recordamos a aquellos compañeros que se fueron. 



                                                       HISTORIA DE UN ABRAZO



  La colilla desprendía sola su ceniza en la esquina de la mesa. Ella estaba alerta por el timbre que acababa de sonar. Pocos minutos antes se estuvo pintando las escasas pestañas, estirados centinelas de unos ojos desvaídos y turbios, pero aún amantes apasionados de la luz de los días. Escuchaba a un canario gorjear por el hueco del patio interior. Aquel sonido tibio e inocente se inmiscuía sin pedir permiso en sus labios desgastados y trazaba en ellos el dibujo de una leve sonrisa. Había estado cepillando sus últimas piedras preciosas, los dientes; alisando los hilos de plata muerta de su pelo, y perfumando con rosas la flácida piel elefantina de su cuello. Estaba tan hermosa y feliz como puede serlo una dama de ochenta y cinco años. Miraba las venas dilatadas de sus manos. Por cada una subía y bajaba un bello recuerdo. Su niño volvía al fin de la cárcel. Era libre. Aquel niño una vez le acarició con curiosidad el pelo fuerte como el de una orgullosa yegua negra. Y aquel niño, como todos los niños, también durmió en sus brazos, con los ojos cerrados como capullos de seda que guardan el renacer de mariposas sin mácula. Era y sería siempre su Toni. No importa lo que pudiera haber hecho después. Un día pudo contemplar su corazón de lluvia blanda y bella, y eso no moría con las circunstancias. El pájaro desde su jaula trinaba sin juzgar a nadie. Sólo interpretaba la melodía que le saltaba incontrolablemente en la garganta. Ella era igual.

  Su perro caniche la buscaba por la oscura casa. Cuando la vio sentada en el extremo de la silla del comedor, subió a sus piernas mecánicamente, sabiendo que siempre era bien recibido. Su pequeña lengua le surcaba la mano, como cálida riada de desierto.

  La televisión del vecino reproducía un concurso. Las voces frívolas se colaban por las paredes empapeladas burlando la emoción pacífica de la mujer. Quiso olvidar el desorden de aquel vocerío irrespetuoso y encendió un cigarrillo. Acarició un llavero que guardó en el bolsillo de su chaqueta para entregárselo al hijo como regalo. Pasaban los minutos enredándose en sus pensamientos de humo tembloroso. Los cuadros parecían torcerse un poco de impaciencia; el perro comenzaba a gemir despacio para sí mismo, contagiado de las emociones apretadas de su ama.

  El timbre del telefonillo sonó justo cuando el cigarro sin fumar dejó caer su bloque de ceniza.  El perro ladraba con el frenesí  de los girasoles de Van Goh. Al poco tiempo, el timbre de la puerta añadió su potente y vociferante existencia.  Sonaba pletórico y viril, como un reclamo triunfal del mismo visitante.

  Pasó el hombre, de mediana edad. Su abrazo la envolvió en un vendaval de lluvias fértiles y alegría. Le regaló el aliento contenido de muchos años; el vaivén de sus olas más escondidas. Y ella, como un río que encuentra su mar, se hundió en ese abrazo, llorando y mirando sólo hacia el profundo azul de la dicha.


****





                                                        Pintura de Nicoletta Tomas Caravia

 


 

Quién es ese hombre. Micro reflexivo


Pintura de Nicoletta Tomas Caravia


 Quién es ese hombre?


Asfixiado, casi a punto de morir; con apenas unas horas de vida, la basura lo aplastaba; una durísima mano de mujer lo tiró allí. Había nacido del vientre de un ser hecho de piedras rotas. El bebé apenas podía llorar; la falta de aire era su primer alimento. En lugar de la dulce teta tenía un estercolero donde cada desecho informe parecía el poema de la crueldad humana. La luz de las farolas no quiso mirar; cualquier gato hubiera visto salir de ellas una angustia de neón huyendo por el pavimento.

Sin previo aviso, unas púas de dolor se clavaron en la tierna piel del bebé. El niño quería gritar, explotar definitivamente, pero en otro mundo. Sin embargo, no era la violencia, sino la caridad quien lo agarraba con los dientes. Un perro vagabundo había notado su pequeño olor humano a través de la inmundicia. Y saltó sobre el cubo. Y agarró a la criatura del bracito más desvalido de la tierra. Y lo lamió entero: manos, pecho, ombligo, cuerpo y alma. Tanto que el diminuto humano desnudo creía que volvía a nacer. Quedó largo rato sobre la tripa de aquel perro que lo chupeteaba sin cesar, limpiando todo rastro de dolor en él. Todo... dejándolo completamente vestido con las babas cálidas de la ternura, bajo unos ojos calmos que sin comprender nada eran capaces de darlo todo.

El niño creció marcado por la palabra “quitar” y por la palabra “dar”. Mas como la vida para él fue el regalo de una perra sin nombre, eligió dar... Por eso ves a ese hombre de gesto esperanzado y paso decidido, atravesando las sombras de hierro del dolor, salvando niños, salvando mujeres, salvando perros y gatos, y cerdos y bosques y hormigas...; salvando todo lo salvable en este mundo. 


...

Inspirado en un hecho real de una perra vagabunda  que salvó a un bebé de un cubo de basura.


Brillad, siempre.

¡Gracias  por vuestras lecturas y hasta pronto!


 

Te estoy llamando. Relato de amor

 

   Relato para la edición de octubre del Tintero de Oro, cuyo tema es el amor con obstáculo. Podéis leer otras participaciones aquí: 

El gran Gatsby





                             


                                               TE ESTOY LLAMANDO

 

 

                                                                                             Las palabras significan

                                                                                            Vicente Aleixandre


 

Si voláramos como un águila y tuviéramos su visión contemplaríamos un magnífico panorama de colinas verdes, y entre ellas una mansión con un parque lleno de exóticos cactus. Entre ellos, una anciana en silla de ruedas, pequeñita, gritando un nombre: “Demián”. Y si pudiéramos entrar por sus ojos moribundos, encontraríamos un ciclón aterrador derrumbando todos los recuerdos de su vida, excepto el de aquél hombre.

Su familia, ya irreconocible para ella, imaginaba que deliraba una vez más, llamando a un desconocido. Una embolia había inutilizado una de sus piernas y encendido la mecha de la demencia en su cerebro.

Pero Demián asomaba, con la fuerza de un saguaro gigantesco en el desierto de su memoria. Últimamente lo llamaba sin cesar, porque sólo él la había amado con la autenticidad y el calor de un sol; y los tres días pasados a su lado habían llegado a ser el faro oculto de su vida.

Entonces Adela tenía cuarenta y cinco años; él tan sólo veinte.

 Cifras, cifras sin sentido, pero que significan.

 

***

 

El muchacho había oído hablar de la filmación de una película en los alrededores del pueblo. Entre los vecinos hubo gran revuelo; sin embargo, él se sentía incómodo. Hollywood interfiriendo con su glamur azucarado en su mundo de polvo, sudor y rutina era casi un insulto. Desde muy joven trabajaba en el bar de carretera de sus padres. En aquel olvidado y abrasador rincón de Texas, donde no había cabida para los sueños, su carácter apasionado sólo era un remolino de polvo.

Pero Demián tembló nada más verla; un sueño inesperado tomaba la forma de mujer entrando por la puerta.

Aquel huracán rubio se aquietó poderosamente en una de las sillas; retiró un mechón díscolo de su cabellera, y colocó sus dos ojos penetrantes y gatunos directamente sobre él. Demián se acercó, servicial por fuera y absolutamente hipnotizado por dentro. Le hizo la pregunta formal del “qué desea”, y ella, tras admirar el hermoso oleaje de aquellos dos ojos azules, respondió suavemente, pero con fulminante elegancia  “sólo un vaso de agua”. Sin embargo el chico pudo escuchar: “sólo a ti”.  Para el intenso Demián el tiempo se frenaba en aquella voz, deshojándose en su mente. Antes y después existía la nada. Y en la nada futura, mientras se encaminaba hacia el vaso de agua, el eco de aquellos labios murmurando, de aquel ser maravilloso se colaba por los desprevenidos intersticios de su corazón, dilatándolo hasta el infinito.

Demián ya no percibía la realidad de la misma manera. Se retiró a la cocina y en un rincón, a solas, trató de ordenar sus emociones. Los ruidos de los platos y al fondo, en la sala, las desordenadas palabras de la gente parecían cubrirse de una espesa capa de tierra, hasta casi desaparecer. Pero una canción, que sonaba en ese instante en la radio del local, sí traspasó sus tímpanos. La cantante, desgarradoramente, repetía una y otra vez: “I'm calling you”. Y semejaba el maullido en plena noche de una gata en celo, intenso, irracional y desesperado hasta helarle la sangre. Trató de no prestar atención a aquellas tristes sensaciones, pero la canción penetró en su sangre con la misma intensidad que la fascinadora mujer.  

Tras aquel primer contacto, vinieron más palabras, miradas y diálogos que los iban enlazando paulatina, dulcemente. Durante tres días seguidos les acarició la felicidad como un sagrado dios. Sólo un beso final quedó de aquella ardiente proximidad; una inédita sensación en los labios de peces nadando por un sueño eterno.

Pero la despedida se cernía sobre ellos, como un águila con la angustia en su pico.

 “Era el fin. Demasiado mayor; hijos, esposo, deber, distancia, piedras, llanto, demolición…Imposible” Pensaba ella.

Él no podía despedirse, se hubiera clavado en medio de la oscuridad abrazándola para siempre.

–Te buscaré en silencio toda mi vida –le había dicho el muchacho al oído.

–Te recordaré siempre, pase lo que pase – respondió la mujer, separándose y rompiendo aquella tibia felicidad de sus rostros cercanos.  

Y el recuerdo de estas palabras les acompañó a lo largo de sus vidas separadas, como un guacamayo invisible en el hombro de cada uno; mudo pero constante.


***


La anciana y desmemoriada actriz, de pronto, ante la sorpresa de todos, se levantó de su silla de ruedas; fue a su armario con la energía de una jovencita y se puso un antiguo traje blanco, guardado con mimo por ella durante décadas. Sus huesos asomaban tristemente sobre el volante del escote. Veinte minutos después, Adela, toda excitada, corrió con su vestido de novia imaginario hacia la puerta, arrastrando su esquelética pierna inválida. Llamaron. Abrió. Lo sabía. Era él, el único que aún reconocería entre todos los extraños.

Demián, igual de firme a sus cuarenta y cinco años que entonces, igual de honesto y bello, se presentó como el nuevo fisioterapeuta solicitado por la familia.

La miró, reconoció en el rostro envejecido y ceniciento a la gata de hacía veinte años y recordó, súbitamante, aquella desgarradora canción. 

La anciana, incapaz de atrapar una sola palabra, balbuceó una frase inconexa, mientras una maciza lágrima rodaba por su mejilla hasta caer en la alfombra

 El sonrió, se arrodilló, y en un gesto ficticio de sus manos recogió la lágrima y toda la oscuridad que se cernía sobre ella.


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I'm calling you (Te estoy llamando)




Tus huellas (poesía de amor)

                   Fotografía: Tushar Khandelwal



                                          TUS HUELLLAS



Al amanecer,

 recién posadas en la nieve,

 persigo tus huellas como los gritos

  rojos de los vencejos

persiguen a Dios.

 

Quiero alcanzar

 nada más que tus huellas,

 tu inminente cercanía

 de lava evaporada.

  

Quisiera encontrar tus huellas

 pobladas de jeroglíficos,

 penetrando

 los caracoles ciegos de mis pechos...

 

Tengo frío,

 deambulo sin voz entre los sauces

 como una desafinada

 loba que arañara

 lo que queda de tus huellas en el bosque.

  

Respiro tu espina...

Eres único.

Eres la transparencia,

 mi lluvia universal.


Tus huellas tienen el aroma

 de un pájaro imposible;

por eso mis pies

se desangran por las nubes.

 


                                                                                      *



Sólo la vida. Relato breve


                                                                               https://www.pinterest.es/pin/472596554659301629/


                                                                         VIDA


Decían unos niños disfrazados de fantasmas que hoy era su día. Yo no entendía nada. Les di un poco de dinero y se fueron dando aullidos de alegría. No entendía nada. Veía gente con cara de demonio, alborozada, alocada, festejando la oscuridad de la noche y sus propias pesadillas. A lo lejos una jauría de perros ladraba enfebrecida a la luna, y parecía que hubieran atraído a un grupo de duendes bromistas y maltrechos. Agonizaban las plumas de una tórtola en un charco. Se distorsionaba el croar de una rana entre las ramas. Algo quería hacerme creer que venía la muerte con sus garras subterráneas. Hacia mí. Sin pasos. Con berridos desdentados...

 Pero yo no me creía nada.

Necesitaba silencio, mucho, mucho... Me arrebujé como una seta bajo la hojarasca. Sobre mí, un álamo gigante parecía susurrar una lenta oración con sus hojas. Comencé a ver luciérnagas doradas saliendo de la tierra. Sonaban como campanillas muy finas. Eran increíblemente bellas, similares a las chispas de fuego en movimiento. Entonces comprendí que no eran luciérnagas. Eran los muertos. Había muchísimos, mil, tres mil... Formaban una multitud cálida, dulce, rodeándome... queriendo decirme algo. Comenzaron a bailar, en espiral, a mi alrededor, emitiendo una música coral, maravillosa, de voces infantiles. La paz más profunda me tomó como a un niño en sus brazos. Se estremecieron las delicadas hojas de mi álamo, y hasta el último pelo de mi piel.

Extrañamente, me quedé profundamente dormida ante la visión. Al despertar se repetía en mi mente una frase de aquella hermosa coral: "La muerte es una ilusión; todo es vida”.

Al comenzar a caminar vi cómo mi cuerpo seguía allí, flojo e inerte bajo aquel álamo, igual que un traje abandonado. Dos colibríes cantaban con luz de zafiros y me iban guiando hacia una enorme pérgola cubierta de vides rojas; a través de ella circulaban bellas y enormes medusas voladoras que portaban en sus faldas los infinitos instantes de mi vida.





Encuentro con una gata callejera


Os dejo este trabajo sonoro que he hecho a partir de una experiencia sencilla, pero honda para el alma. Mi encuentro inesperado, mientras trabajaba de jardinera hace unos años, con una gatita callejera, abandonada, ansiosa de compañía humana. No pude tenerla, por desgracia, pero me conmovió su leve presencia por mi vida: una brisa celestial. Me enseñó acerca de la fugacidad, del puro amor, y del no aferramiento. 

Espero que os guste esta sencillísima experiencia narrada (por ciertos, sus ojos eran dorados, podéis verlos al final del vídeo): 

Gata de ojos de ámbar *

 (Agradezco los comentarios en el mismo canal de "You Tube" para llegar a más gente).


Un poema recitado... y un libro de amor

 



Este poema, perteneciente a Madera y miel, surgió de la propuesta de hace varios años de nuestra querida Sindel de hacer un poema con la palabra "casa". Yo la asocié al cuerpo y alma de la mujer enamorada. 

Hoy os he hecho una versión en vídeo con fotos de mi autoría que espero que os guste, pero para comprender el sentido del poema es mejor antes leerlo...: 


                                                                   ESTA CASA


Amor, si tú supieras que esta casa con perfume a limonero, con risas robadas a las fuentes, sembrada de azucenas abismadas, esta casa mía -mi cuerpo esponjoso, mi alma de trébol- se desmoronaría, leve y fatal, si tú no estuvieras clavado en mis cimientos como cemento santo…

Esta casa es sólida por tus brazos montuosos; es cálida por tu ceñida ternura de hierba; es ancha para tu mirada constelada.

Sudan  perlas mis cristales al paso amoroso de tu alma...

Cuando no estás, mis dedos doloridos atraviesan los muros de mi pecho hasta encontrarte y sentir de nuevo tu sosiego de flor salvaje.

*

Vídeo



Y como en la entrada anterior venía hablando de esto, aprovecho y 


OS REGALO MI LIBRO DE POEMAS AMOROSOS, 

CON CARIÑO, 

A MIS QUERIDOS COMPAÑEROS DE BLOG 


ENLACE DE DESCARGA: MADERA Y MIEL


  (Está en papel en Amazon Madera y miel en papel, pero es más bonito en pdf; se aconseja verlo a doble página). 

Comprende muchos de los poemas de amor que he hecho hasta 2016, y está ilustrado por esta servidora con sus dibujos más coloristas y apasionados) 

Añado el análisis de mi apreciada amiga y poeta Mª Jesús, finísima crítica literaria.


" El libro es un homenaje al amor, a su entrega incondicional, que implica una lucha, un dolor y un éxtasis. Nos conduce por un sentimiento infinito, que nos transporta a otra dimensión humana y divina. Y lo hace con inocencia, magia, intuición, ternura y paciencia. Despliega en la fuerza de sus metáforas un ritmo interno, una profunda sabiduría, que nos lleva a la esencia y belleza de la naturaleza...

La poesía late con una frescura y suavidad innata. Los dibujos originales y genuinos, tienen vida propia y escapan del libro."



 Mª Jesús Muñoz:  http://majecarmu.blogspot.com.es/

Entrada original Publico mi primer libro






Una extraña y tremolante melancolía

Brotado en esos momentos violeta de dulce vulnerabilidad y entrega a la vida. 
No os perdáis el maravilloso blog de  Cristina, que me impulsó a subirlo.










                                                              TREMOLANTE MELANCOLÍA




Tengo una extraña melancolía,
que es alegre,
que tira de mí,
con sus notas tremolantes de guitarra,
 hacia el evanescente
 reflejo de las aguas.

Esta rara dulzura
 me coloca los brazos en el aire
con anhelo de abrazarlo todo:

tus palabras de melón fresquísimo,
el asombro del bebé mirando al ciprés,
la enorme sombra del ciprés escribiendo
 "bebé" por el parque;
las delicadas tórtolas engullendo sedosamente sus "te quiero",
la tristeza de la lluvia goteando en la cola de un gato, 
o esa mano que tiembla...
sobre un bastón de tiempo.

Sí, esta íntima, 
sensible melancolía que me invade,
llena mi ser de ternuras,
de encuentros, 
y transpiro finas florecillas de azúcar,
y soy velero navegando el puro silencio
 de ese cielo que nos mira fijamente.

Quizá sea el amor que recuerdo, o intuyo... Ese amor total que nace con nosotros,
y tira dulcemente de la mano como un niño que señala los columpios...


Tengo la rosada melancolía de antiguas nubes galopándome por dentro,
el aroma a pan de las manos de mi abuelo,
 la leña ardiendo en el crepúsculo de los ojos, 
potrillos que corren por las praderas del alma,
y una niebla mansa que moja y deja añoranzas líquidas en las pestañas... 

Luego, se abren los párpados y todo es más limpio,
 y los colores parecen vivir más allá de las cosas.

Hay dos palabras cosquilleando mi garganta,
mariposas de mi boca que quieren salir:
¡Os amo!
No sé a quién, a todo, !a todos...!

Y esta tierna belleza me estremece entera, como la brisa al álamo temblón,
 y me lanza en un remolino de brazos, de manos y pies, hacia arriba, 
¡con las aves, con los sueños violetas de la gente!

¡Oh, esta melancolía honda, esta golondrina inquieta que quiere llorar por el aire su amor...!
 Lejos, lejos, lejos, hasta donde alcancen mis palabras desbordadas, que huelen a madre.

*

                                                 ... Como las hojas del álamo al temblar


ENLACE de descarga de Madera y miel: Madera y miel. Poemas en prosa de amor. Libro ilustrado.

Sexo. Ese instante de luz. Prosa poética

 Tú. 

Escrito con néctar eterno

sobre mis labios.



Pinturas de Nicoletta Caravia: 




SEXO, ESE INSTANTE DE LUZ



                                                                 1.


Tus manos de sauce hundiéndose despacio en al lago arrobado de mi piel.

Formaste olas; me hiciste cisne de suspiros, cáliz de amaneceres, manantial brotando de tus brazos.


Jilgueros liberados comenzaron a salir por nuestro aliento.

En nuestros ojos galoparon los astros. Y gritamos en la arena, con un silencio rebosante de semillas: “Amado”, “amada”…

 (Palabras para siempre lamidas por la espuma del mar.)


Tú y yo como una mano contra el cielo sosteniendo el sentido del mundo.

Y las voces de los sueños rodando por la piel; susurros de luna en las caricias; rayos de seda por los nervios; pupilas huracanadas, raíces tibias ascendiendo... 

Hasta que un dulce temblor de tierra se abrió paso por los cuerpos. Y el hueco que dejó se llenó de vida y arco iris; y por él pasaron las ánades con sus vientos de cambio. Y nuestros corazones latieron al unísono, como un pequeño sol que acabara de nacer.



2.


Una galaxia huyó lentamente con nuestra sonrisa grabada en todas sus estrellas.

Ya no éramos humanos. Éramos fragancia.

Un mirlo arrojó su canción de resinas azules en el mismo instante en que mi cabeza se recostó sobre tu pecho. No sé si lo escuché dentro de ti o existió fuera, pero ambos nos teñimos de violeta y nos besamos. Éramos ondas de agua. Aun puedo recordar ese equilibrio; esa caricia de lotos deslizados en los labios. Y en las almas nos quedó esa paz que suelta mariposas a su paso.


                                                                                ***