9/11/18

Las llamas azules... (Este jueves un relato)




LAS LLAMAS AZULES


Aquella noche miró el cielo sin estrellas, cubierto por una tenue y lechosa neblina que pendía como una cortina ajada a merced del viento. Su tienda de campaña le protegía de la inmensidad sin voz ni ojos de la naturaleza, que sin embargo parecía observarle y hablarle con labios fríos y mirada salvaje.
Estaba solo. Palpaba la presencia estática del bosque a su alrededor, los pequeños crujidos de algún ratón de campo buscando comida, el lánguido gemido de una cría de cárabo escondida entre las ramas. Su mente comenzó a imaginar la luna oculta por las nubes, como un desolado cuerpo vacío lleno de cicatrices que rejuvenece en toda su mágica divinidad cuando el sol la mira de frente. Todo era poesía si se miraba con candor. A  todo podía dotar de sentimientos. Los sentimientos que un ser humano va derrochando al pasar, porque sólo era eso: un sencillo hombre hecho de huesos y experiencias, de sangre y risas, de carne y llanto.
Abrió el paquete de queso y se calentó un vaso de leche. El suave siseo del gas azul le trajo a la memoria las palabras de su hija pequeña una tarde de invierno, cuando aún vivía, antes de su fatídico accidente: “Papá, las llamas… ¿las llamas respiran?”
“Sí, hija. Todo está vivo, por eso el fuego respira, y quema, y duele si lo tocas."
Y él lo tocó. Tocó y se hundió en el brillante fuego del amor y de la vida; y ahora le dolía la quemadura bajo el rasguido agudo de las nubes errantes.
Estaba desamparado ante la fuerza de sus propios sentimientos, y, como una hoja en la corriente fragorosa, se sentía arrastrar, inerme, hacia un mar profundo de recuerdos azules.
Cerró el hornillo y se preparó el café. Los sonidos de la bolsa de cubiertos o de su cuchillo cortando el pan, ponían de manifiesto su gran soledad. Un grillo comenzó a grabar en la tablilla de la noche sus tímidos puntos suspensivos. Miró de nuevo al cielo. Una lejana estrella se abría paso entre el vaporoso velo de nubes. Era una casi imperceptible estrella que, antes de borrarse del todo, dejó caer en la inmensidad nubosa  un rastro luminoso de palabras:
“Papá ¿las llamas respiran?”


***

Relato para "Este jueves un relato..." que esta semana, de la mano de Magda,  nos invita a mirar hacia el
cielo:
http://latrastiendadelpecado.blogspot.com/2018/11/convocatoria-reto-del-jueves.html

31/10/18

Criatura maligna (Este jueves un relato)




Ya no estaba segura de si era un sueño espantoso o realidad.
Primero notó aquel extrañísimo olor en el ambiente. No era propio de los suyos. Jamás lo habían olido. Era una mezcla de sudor de serpientes y podedumbre de cien lamentos que se nos venía encima. A ella le agarró aquel nauseabundo olor y ya no la soltó hasta su final. Decían los más viejos que ése era el olor del pánico.

El modo en que ellos la agarraron fue de lo más zafio. Sencillamente, ella, al caminar por la hojarasca, fue agarrada salvajemente por una especie de garra metálica que se le hundió en la carne haciéndola chillar hasta hacer saltar gotas de resina en los árboles.  Un cuervo se acercó a ella con un chirrido desesperado, y luego echó a volar ansiosamente, perdiéndose en las carnes de un tísico atardecer. En pocos minutos se encontraba en una completa oscuridad, zarandeada de un lado a otro como una humillante bola de billar.  El dolor y el desconcierto granizaban duramente sobre ella a causa de esos seres malolientes que apenas pudo ver como titanes de larguísimas piernas y cabeza pequeña cual melón malévolo.

La colocaron en una especie de cárcel de plástico. Frente a ella había más víctimas encerradas, todas de diferentes razas. A veces, uno de los gigantes colocaba su espantoso ojo indiscreto entre las rejas y ella casi se ahogaba de terror.

Y el día final... no quisiera contarlo. No...
Había allí muchos de ellos, de los monstruos, pero de menor tamaño, mirando; y otro, más grande, que parecía el jefe de todos.
Se olían las tuberías de la muerte. Ella las olía y temblaba. La ataron a cuatro palos y sacaron herramientas de bisturí.
No hubo piedad para ella.
Un poco de su pelo desprendido flotó durante un rato, como si estuviera dotado de vida y buscará la luz que se filtraba por las persianas.

Y en el eco de aquella sala quedaron flotando también estas palabras, cuyo sentido gira todavía en el aire, absurdamente y con insistencia de moscardón:

“Bien. Ya habéis visto de qué se compone un ratón. Mañana, todos vosotros lo haréis también conmigo. Podéis encontrar  vuestros ratones de laboratorio a un euro en la tienda de mascotas”.


***

Relato de Maite Sánchez Romero inventado para "Este jueves un relato" , cuyo tema es "Una criatura maligna" que propone Juan Carlos y del que podéis participar aquí:
https://jwancarlos.blogspot.com

Poco antes de escribir esto, tenía fresco el recuerdo de haber visto en una tienda de animales el cartel: "ratones de laboratorio por un euro". No lo pude soportar. De ahí enlacé con el tema del jueves... y ese ha sido mi desahogo.
Por ellos!

La casa sobe la colina (Éste jueves, un relato)



Pintura de Miguel Serrano Martino


LA CASA SOBRE LA COLINA

En el pueblo siempre eran el tema de conversación que más extrañeza y morbo causaba. Se hablaba de la madre, de ese pelo que parecía una madeja de lana sin teñir, o de sus labios tensos, que contenían un silencio casi maloliente, de aguas estancadas. También del padre, con mirada idiotizada y enormes pies, los cuales andaban siempre muy deprisa, como queriendo alcanzar algo más allá…; de la hija de cinco años, que cada vez que respondía una pregunta contestaba con tres definiciones seguidas de la enciclopedia Espasa (por aquel tiempo iba por la letra “C”); o del chico mayor, el más “normal”, pero que tenía una seriedad tan grave, tan amenazante y tan dura que nadie se atrevía nunca a hablar con él.
Esta curiosa familia despertaba mil y un comentarios en la aldea; mil y una sospechas también;  mil y una antipatías. Pero el motivo principal de esta animadversión era más la casa que los contenía que ellos mismos, pues se murmuraba que de esa casa aparecían de pronto, animales extraños.
Un día dicen que bajó de allí un cerdo con cabeza de rapaz que mantuvo muertos de miedo a toda la población. Otro, la sorpresa provenía de una invasión de conejos calvos, los cuales corrían despavoridos por toda la comarca, como si estuvieran desorientados. La última novedad fue aquel precioso caballo blanco de crines violetas que testigos oculares vieron salir literalmente de aquella maldita casa de la colina.
Nadie osaba jamás entrar en la casa de aquella despreciada familia. Si alguien lo hacía, desaparecía. Y esto ya se había corroborado más de una vez. Pero nunca había pruebas válidas contra ellos. Ni siquiera podían demostrar que aquellas horrendas apariciones tuvieran su auténtico origen en el interior de la casa.
Se desconocía de qué medios materiales vivían. Lo único que se sabía de ellos, es que el matrimonio se instaló en lo alto de la colina hacía 15 años y construyeron su propia casa, robándole la paz a todo el pueblo.
Cuando de la colina se vio descender una horda de serpientes con cola de león, él pánico de aquellas gentes se transformó en furor. Se armaron de palos y cuchillos y subieron todos a la casa de la colina. Tenían que acabar con todos ellos de una vez.
Al llegar abrieron la puerta y dentro sólo encontraron un precipicio. Sí. No había nada: ni enseres, ni paredes, ni personas… Sólo un profundo y oscuro agujero, del que no se veía el fin y por el que salían a toda velocidad miles de palomas tan asustadas como los atónitos pueblerinos.

***
Maite Sánchez Romero (Volarela)

Relato inventado para "Este jueves un relato". Tema elegido: "La casa de la colina"

19/10/18

Rosas en la ceniza (Este jueves, un relato)



                                                Pintura de Eulogio Díaz del Corral



ROSAS EN LA CENIZA


  Yo nunca le llamo mi amo. Le digo, mi compañero.
  Como perro anciano que soy, he vivido mucho, y he sentido más, sobre todo afecto por mi leal compañero. Puedo decir que he sido feliz y no he conocido la dureza de la vida y el sufrimiento extremo hasta aquellos días de noviembre en que el furor de una bestia desconocida se desató sobre nosotros.

  Yo estaba soñando en mi acogedora cama, en unos de esos sueños profundos que no permiten oír absolutamente nada del exterior, cuando dentro de mi propio sueño sentí un fuertísimo golpe y desperté oyendo a mi lado unos gritos atroces. El espanto al incorporarme fue brutal, como un mazazo de la vida inesperado, ciego, sin piedad.    No quedaba nada de mi casa. El terremoto había aplastado hasta el último resquicio de racionalidad. Todo estaba roto, despedazado, derrumbado, aniquilado. Había en el cielo una inmensa nube de color café que acaparaba toda la atmosfera e impedía respirar. Creo que era nuestra descomunal angustia, que flotaba dolorosamente sobre nosotros mismos. Pero tras las cuchilladas del impacto y el desconcierto, mi siguiente pensamiento fue él, mi entrañable compañero. Recordaba que antes de dormirme había salido a la calle. No había tal calle ya… sólo el caos mordiendo mis patas. Pero el cometido de mi vida era encontrar a mi amigo. Conocía de memoria, no sólo el olor de cada parte de su cuerpo de once años, sino también el ritmo y sonido exacto de los latidos de su corazón. Cuando era un bebé, él me buscaba y se abrazaba a mí, asombrando a todos ese lazo único que nos unía. Eché a correr con mis latidos ansiosos en su búsqueda, atravesando los vidrios de la muerte en el desangrado páramo de la desesperación:  lamentos, heridos, agonías, gritos, destrucción...  o el mismo  infierno abriéndose como una inmensa llaga sobre aquel desvalido rincón del mundo.

  Una persona, loca de rabia, me dio una patada justo en la herida de mi pata trasera izquierda, provocada por la estantería que cayó sobre mí. Por ello cojeaba aún más, convirtiéndose en un suplicio avanzar con tanto dolor. Pero algo en mí me daba fuerzas para seguir. Sentía débilmente las pulsaciones de mi compañero en mi interior. Comprendía que no podía estar lejos. Vi un grupo de perros de salvamento trabajando con una pasión desenfrenada. Vi muchas personas ayudando a otras personas. Vi que la compasión, como una nube ligerísima de color naranja, penetraba suavemente el espacio de la nube negra de la angustia. Sobre toda aquella escena de devastación vi mezclarse, en un torbellino de colores que ascendían, el amor al dolor, el miedo a la esperanza, la vida a la muerte. Y un extraño olor a rosas se interponia entre el olor de las lágrimas y el de la desolación.

  Bajo un enorme montón de escombros estaba él. Lo había encontrado. Las pulsaciones aumentaban de volumen según me acercaba. Ya no podía contener la emoción, por lo que al llegar, gemí y gemí con todas mis fuerzas sobre aquel montón de ruinas. Repetí mi súplica durante horas, hasta que se acercó un perro de salvamento. Con una fuerza y resolución propia de un dios, apartó maderos y ladrillos. Entonces llegaron los hombres y sacaron a mi compañero. Estaba inconsciente, pero vivo. En un momento dado del rescate, cuando lo estaban colocando en una camilla, noté que mi corazón latía con más fuerza que nunca, alegre, henchido de gloria, potente, luminoso, como si no fuera mi propio latido, sino el de él sobre el mío... Y es que él se estaba despertando, y desde la camilla comenzó a mirarme con una mirada de amor y agradecimiento infinito, capaz de sembrar rosas en la ceniza.

...

(Volarela)

Relato para " Este jueves un relato"; sobre el tema de las catástrofes naturales. Más relatos de catástrofes en: https://desgranandomomentos.blogspot.com/2018/10/este-jueves-un-relato-catastrofes_18.html

10/10/18

Javier (Para este jueves un relato. "El final del verano") Relato corto


                                                              JAVIER

   Sólo pensaba en él. En sus penetrantes ojos castaños, mirándome, como dos briosos caballos. Y deseaba encontrarme esa mirada una y otra vez. Atraparla en mi interior, gozarla a solas. Cuando salíamos, papá, mamá y yo del edificio donde nos alquilaron el piso de alquiler, él ya estaba escondido detrás del mostrador. Tendría unos 9 años, dos menos que yo, pero parecía mayor. La portera, su madre, nos lo dijo. También nos dijo que era un niño muy raro y difícil de clasificar. Pero yo no la creí, por supuesto, porque intuía en él una superioridad que otros no podían captar. Sus ojos eran atentos, inteligentes, y dejaban traslucir una pasión asombrosa para su edad. Nunca dijo nada. Sólo me miraba como si me reconociera, como si me amara profundamente, desde hacía siglos. Mi baño de sol, de mar, de nubes, estaba rodeado de su mirada, que yo presentía como una caricia protectora, amiga, fiel. Para mí ese era un sentimiento completamente nuevo; me maravillaba sentirlo a la vez que notaba una burbujeante y plácida confusión dentro de mí. Lo mantuve en secreto, pero creo que él sabía de mi amor, también callado; y más de una vez sonrió tenuemente desde uno de los pasillos del edificio, al verme llegar. Deseé hablar con él, acercarme, pero no era fácil. Mis padres no permitían que bajase a jugar al jardín, por lo que no pude encontrar el modo de dirigirle más que un saludo. Jamás falló a una cita. Cada vez que yo salía o volvía con mis padres, él estaba cerca, disimulando, cruzándose, o incluso siguiéndome a distancia hasta que nos perdíamos en la playa. Yo volví a mi rostro, y entre el gentío, le veía, con su rostro serio, hermoso, muy fijo en el mío, manteniendo un mudo diálogo tan natural como el que tienen el mar y el cielo. Tras quince días de encuentros esporádicos yo ya estaba completamente enamorada. Los dos necesitábamos un encuentro, una palabra, algo más que aquella dulce complicidad o que aquella insufrible atracción.

  El último día de aquel verano me dijo su nombre: Javier.
  Javier, en un arrebato de audacia, detuvo a mis padres, me detuvo a mí y metió un papel en mi bolsillo. Después echó a correr, creo que con los ojos mojados por la misma agua que ha empapado mis días de melancolía.
  Mis padres se rieron con algo de ternura y enseguida se olvidaron. El papel fue nuestro secreto; nunca confesé su contenido. En él estaba escrito su nombre y una única frase: “Vuelve”.

  Pero nunca más volví. A mis padres no les gustaba repetir el lugar de vacaciones, y mis ruegos fueron siempre inútiles. Fue un amor abortado. Ese verano es la única luz que guardo en mi memoria de lo bella que puede llegar a ser la vida. Hice averiguaciones en mi juventud y posteriormente, pero aquella familia dejó el lugar y nadie supo decirme dónde fueron.

 Javier, un nombre que no logro diluir en las aguas del pasado, y que viene una y otra vez a mí como una luciérnaga herida.


***

Podéis encontrar más relato sobre el final del verano aquí:
https://molidelcanyer.blogspot.com/

13/4/17

Estas flores son para ti. Poemas dedicados a Dios




*******



Ya está disponible mi nuevo libro "Estas flores son para ti".
Son poemas íntimos y líricos dirigidos a Dios. Se le llama poesía mística a este tipo de poesía, pero yo prefiero llamarla poesía espiritual. Esta vez lo he ilustrado con fotografías de flores y elementos naturales.

El libro es gratuito en formato pdf y se puede descargar pulsando en la imagen del libro que hay a la derecha de este blog.

¡Que lo disfruten!

                                                                      ***




ME ENTREGO



En algún sitio he dejado todas mis puertas rotas.

Despacio, he tirado espejos pintados, vestidos sin vida, ahogos de seda, troncos muertos.

Despacio he caminado hacia ti, sólo hacia ti,  por entre los pinos del silencio...

Sentada ante ti, escuchando el devenir de las ramas, el cristalino arrullo del sol entre las nubes...

Cierro los ojos como un tallo de luz...
Y me entrego.



***

23/1/17

Encuentro

Foto: Volarela

Encuentro


Se abre... Mana la sangre azul del recuerdo, mana..
En cielos derruidos grazna fieramente un cuervo... Y luego cae a plomo la tormenta de mariposas; las lágrimas de los ángeles como granizo de oro.

No cierres la puerta. Déjala abierta. Deja que pase el viento del pasado, su cuerpo de serpiente herida, su boca fría con música de lodo.

Libera tu ejército de pájaros...
Libera… 
Y observa la ligereza con que un nuevo viento coloca tus cabello sobre los cabellos de la esperanza:
Hilos en hilos, trigo en luz. Vuela... 

Mira el huracán, ululando entre campanas azules...

Observa allá abajo, ese pequeño ser de luz... Su aura se está enroscando al infinito.
Eres tú en su encuentro sublime contigo mismo.

Frágiles



Gotas en mi cara.
Gotas que escuecen azul en mis ojos.

A lo lejos
me atrapa el rebuzno ocre de un burro;
se deslíe como llanto en mi mejilla.
El cielo rebuzna en gris,
Está desconcertado
como un pájaro que calló del nido.

Llueve un agua indecisa.
Las hojas la maman.
Respiro hondo
mientras la tierra pone su barro
misericordioso
bajo mis pies.

Somos frágiles como zarcillo
tanteando el vacío.