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8/2/25

El reino de las chovas

 

                                   Foto de mi autoría, en la Brecha de Rolando (Pirineos centrales, Huesca)


En los Pirineos contemplé el vuelo feliz de las chovas (pequeños córvidos negros). Al atardecer, cuando suben las corrientes cálidas, se reúnen de todos los valles cercanos cientos y cientos y suben muuyyyy, muuuuy... alto, hasta desaparecer completamente en el azul... Vuelan  por puro gozo de volar juntas. Es una fiesta contemplarlas, una celebración de la vida. 

Aquí os dejo la impresión que me causaron, mi estremecimiento vital al contemplarlas.



                                              EL REINO DE LAS CHOVAS


Allí, junto a las paredes salvajes hay un girón de libertad que revolea, dos girones, tres, diez… Son mis queridas aves, las chovas piquigualdas. Están suspendidas de la sonrisa del abismo… lanzando felices sus llamadas como copitos de nieve.

Las esperan los solitarios del pecho rojo: los acantilados. Cada vez que sienten el fresco tirabuzón que ellas dejan en el aire se mueven un poco. Como mi alma, que emite un graznido de alegría al verlas.

Al reunirse en el aire en un corro, un soplo cálido les grita: “¡Arriba, arriba, volad más y tocaréis la dicha! “ Y ellas responden al unísono, con toda la pasión de la noche en sus alas, y ascienden hasta perderse en el iris dorado de la vida, equilibradas en el más puro de los silencios…

Cuando al caminar veo en lo alto sus alegres corcheas, se me rebelan estos tristes dedos de mis pies deseando ser plumas.

Chovas: ¡Llevadme un instante a vuestro precipicio; dejadme contemplar el filo de la belleza y gritar con vosotras hasta llorar de libertad por mis brazos abiertos!



                                                        Imagen de xiSerge en Pixabay



Comparto con vosotros este pequeño vídeo casero en el que las chovas nos visitan para comer del pan que les echamos y que podáis ver cómo son estas entrañables aves. (Filmado a 2800 metros).




                 

27/12/23

Cordero perdido


                                             BLOG EN DESCANSO INDEFINIDO


                                                                             




  Esta entrada se ha publicado sola, sin mi permiso. Supuestamente iba a dejar el blog en descanso...


 La escribí hace tiempo, a raíz de un balido escuchado muy lejano, en las montañas, desde mi tienda de campaña y bajo un cielo estrellado de los Pirineos... Año 2017


CORDERO PERDIDO

 

La bruma no duerme. Camina manchada de noche por los valles, sinuosa, voraz. No quedará nada que no haya lamido fríamente su lengua fantasmal.

No hay estrellas en el agua del arroyo. El bosque es una espalda negra que tirita. Desde lo más profundo rasga la negrura un balido tenue, seco y desgarrado.

Algunos elfos acaban de llamar a la brisa para que borre, poco a poco, la pesada melena de niebla que asfixia al bosque. Se oye de nuevo el balido, y algunos pájaros despiertan removiendo la triste quietud de las hojas. El río porta en sus aguas la pálida luz del balido como si llevara una estrella moribunda. Y llega hasta mí compungido, turbio,  y del color de la angustia.

El balido sigue resonando entre los árboles, buscando una respuesta: ¿Dónde está mi madre, dónde?

Imagino un cordero perdido, de tiernas hebras de luna, redondo de tanta inocencia, vagando por los afilados dientes del miedo, con sus ojos heridos de tanto preguntar.

Y en los troncos las aves cantan en sus sueños: “Cordero, espera la luz de mañana. Espera”.

Hay un crujir de patitas lanudas por el suelo; y aún se escucha el largo gemido de estaño zarandeando las ramas. El cordero no entiende; llora resina en la vastísima noche porque no encuentra el final de un hilo tan negro.

El animal solitario se agota y se deja caer en el suelo. Cierra los ojos mientras dedos de sombra verde lo acarician, y le susurran con la siseante voz de los árboles:

“No estás solo. Te están buscando... Espera, espera la luz de mañana”.


© Volarela