BLOG EN DESCANSO INDEFINIDO
Esta entrada se ha publicado sola, sin mi permiso. Supuestamente iba a dejar el blog en descanso...
La escribí hace tiempo, a raíz de un balido escuchado muy lejano, en las montañas, desde mi tienda de campaña y bajo un cielo estrellado de los Pirineos... Año 2017
CORDERO PERDIDO
La bruma no duerme. Camina manchada de noche por los valles, sinuosa, voraz. No quedará nada que no haya lamido fríamente su lengua fantasmal.
No hay estrellas en el agua del arroyo. El bosque es una espalda negra que tirita. Desde lo más profundo rasga la negrura un balido tenue, seco y desgarrado.
Algunos elfos acaban de llamar a la brisa para que borre, poco a poco, la pesada melena de niebla que asfixia al bosque. Se oye de nuevo el balido, y algunos pájaros despiertan removiendo la triste quietud de las hojas. El río porta en sus aguas la pálida luz del balido como si llevara una estrella moribunda. Y llega hasta mí compungido, turbio, y del color de la angustia.
El balido sigue resonando entre los árboles, buscando una respuesta: ¿Dónde está mi madre, dónde?
Imagino un cordero perdido, de tiernas hebras de luna, redondo de tanta inocencia, vagando por los afilados dientes del miedo, con sus ojos heridos de tanto preguntar.
Y en los troncos las aves cantan en sus sueños: “Cordero, espera la luz de mañana. Espera”.
Hay un crujir de patitas lanudas por el suelo; y aún se escucha el largo gemido de estaño zarandeando las ramas. El cordero no entiende; llora resina en la vastísima noche porque no encuentra el final de un hilo tan negro.
El animal solitario se agota y se deja caer en el suelo. Cierra los ojos mientras dedos de sombra verde lo acarician, y le susurran con la siseante voz de los árboles:
“No estás solo. Te están buscando... Espera, espera la luz de mañana”.
