Mi perra Dina, apoyando la cabecita en nuestra cama, esperando que la saquemos a pasear... (a veces la descubríamos sola apoyando la cabeza , sin que nadie la viera, como si se tratara de un ritual mágico, hasta que se cansaba de esperar... Era su modo peculiar de pedir...Rezar? 😀)
LA VERDAD DE LAS ALMAS
Las paredes blancas recortan tu espera, y tus pupilas se enfrentan a ellas con inmóvil sumisión. Sólo aguardas, rígida en el tiempo encajonado, a que tus deseos sean oídos, o sentidos... Y cuando al fin bajas tu guardia de suave terciopelo canela, te sumes en una curva humilde y cálida sobre el reposo del suelo. Luego redondeas con una cola y dos ojos tus olvidos.
Has nacido perra. Te ha tocado llevar esa máscara de bigotillos de nailon y lengua adherente; ese peluche de tu lomo, apretado y digno. Te han moldeado con una sonrisa de látigo que hace bailar el aire. Y pareces feliz jugando a morder las sombras de las perdices, oliéndole el aliento al mundo, perfumándote con las piedras abandonadas.
Cuando te acercas por las mañanas a nosotros, con esa sonrisa amaneciendo en tu penacho ondulante, y te aproximas a la tibieza de nuestras caricias, entonces, nuestro abrazo te traspasa, y abrazamos la tierra, y abrazamos la verdad de las almas.
A mi perra, oledora del infinito
Era realmente naranja...
en sus orejas
y en su cálido corazón.
Calladita.
Blanda.
Dulcemente terca.
Loca por llevarme a su mundo
de olores naranjas.
Apasionada por trepar
la vida del revés.
Naranja en sus patitas luminosas.
Naranja en su risa seria.
Bella como un rosco de luz,
se anaranjaba mi caricia
en su cráneo caliente
como un atardecer
en un naranjal.
Yo sentía en ella,
en su lomo gordete,
confiado y fiel,
el tacto mullido de la amistad.
Y en sus enormes ojos de miel
veía pasar las olas...
de la inocencia.
Se me escapa una lágrima al recordarla;
una pequeña gotita
con un diminuto sol,
¡que sabe a amor
sencillo y puro!
al llegar a mis labios.
*

