3/6/12

x Naturaleza. Templo sagrado. (Reflexión poética)


Fotografía tomada de Google Imágenes



En la naturaleza no se puede entrar de cualquier modo, sino en silencio, despacio y con reverencia, como en un templo.


Si se logran acallar nuestras propias voces y penetramos en ella, entonces, su intimidad satura de placer. A ella no le importa mostrarse, pero es cautelosa y escurridiza. Los montes y las nubes desfilan con descaro, mas su belleza auténtica sólo es ofrecida a sus mejores amantes: los que miran con el alma abierta de par en par.

La naturaleza también nos pide que nos acerquemos con alegría a su rueda de eternos giros. Es entonces cuando se nos descubre del todo, y un diamante de mil facetas brota en nuestro pecho.
Y encontramos, arriba, abajo, a un lado, a otro, incluso bajo el zapato, guiños como éstos:

Un caudal de luz atravesando las hojas de las hayas;
La determinación moteada de la mariquita que sube y baja por su planta;
los pasos sigilosos y naranjas de un zorro entre el carrizal;
una ola viva de estorninos;
la soberana araña engastada en su tela, como joya que se sabe intocable;
el ojo del tigre oculto entre los ojos soñadores de los árboles;
esa pardilla que coge una semilla regalada por la avena y se la regala a su vez a su temblequeante pollo;
el orgulloso cáliz embarazado de la flor del manzano;
la austera rectitud de los acantilados estremeciendo a las paseantes mariposas;
el trueno desgajando en abismos la estupefacción de los montañeros;
un trino líquido abriendo la madrugada;
el viento reptando por los silencios de las cimas;
las arenas del desierto persiguiéndose en remolinos;
las hélices de las semillas voladoras susurrando esperanzas;
los ríos pintando raíces de agua en la piel de la tierra;
la cascada, obedeciendo entre risas su destino;
los escarabajos con la noche aterciopelada en sus antenas...

Y tantas y tantas voces más.....Pero todas son distintas notas de la misma incansable laringe. Y cuando entran finalmente en tu corazón te elevas; brota tu oculta semilla, te haces grillo y acabas cantándole a la luna con toda la savia de tu sangre.