ME DICES QUE ME RÍA CONTIGO (DOS VERSIONES)
Primera
Desde este vagón, sumida en su vociferante traqueteo, escribo, alegre, me siento bien...:
Un niño, frente a mí, lee. La portada de su cuento tiene dibujos de peces amarillos saltando las olas.
El niño baja su libro. Me mira con ojazos inocentes. Me sonríe. Los peces amarillos de sus ojos trepan por mis pies. Me hacen saltar en un ritmo de olas, y sin cinturón.
Y tras los cristales de mi trenecillo...:
la calle, las casas, las ventanas;
el mundo desperdigado en un loto abierto de instantes
Y voy
de la frente dormida de la niña del cochecito a la ceja del hombre sin pasado,
del sueño de la joven pianista al bolsillo del soldado muerto.
De la mano que deja una lágrima en el pomo al cerrar la puerta
a las manos que sostienen la copa del triunfo.
Huelo la orquídea apretada en el pecho de alguien;
la flor que no sabe que es un regalo
y viaja en una maceta sostenida por una carne que tiembla...
¡mi existencia también es un regalo!
¿Para quién?
¡Los ojos de ese niño, otra vez, llenos de peces amarillos, me hacen danzar sobre el cosmos!
Y veo a lo lejos mi hermosa canica que gira y gira sin parar,
terrible y tierna a la vez:
Es el ojo más hermoso y ahora...
me mira...
¡Es esa mi Tierra llena de brazos que claman como olivos secos...!
Mi dulce,
salvaje amante de ojos azules y labios verdes.
Vago herida de amor por ti desde el espacio,
¡no quiero, no quiero alejarme!
Pero tú vuelves a atraerme y escucho
la voz relámpago de todos los niños iluminándote.
Y piedras, muchas piedras entrechocando, puliendo pies, pezuñas, patas... con un amor doloroso
y oigo también un río desparramado que no sabe adónde ir,
que quizá sea mi propio eco de agua...
De pronto he caído en mi asiento.
Leo en mi libro, no a Victor Hugo, sino tu labio abriendo primaveras en la muerte; sino tu labio colocando estorninos en cada boca que no puede hablar...
De acuerdo. Yo no puedo ver... Pero te creo... Lo estás haciendo.
Guiaste a Victor Hugo y ahora quieres que yo tome tu lengua y esparza las semillas de tus palabras.
Buscas nuestra mano... Lo sé.
Ahora me pides que me ría contigo...
Y yo escribo, fiel a ti siempre (con manos de coral recién creadas para el gozo) y desde un vagón que no llega nunca a su final...
Escribo como sueña aquel árbol su niebla aguda de pájaros...
No tengo prisa por más que viaje contigo a 100.000 km por hora.
Estoy montada, no en el tren, sino sobre tu tibia alma, dando vueltas por el sol sobre tu inmenso cuerpo de paloma cósmica.
Tu latido descomunal me sonríe lanzando ondas al vacío
y yo percibo minúsculamente mi propio alborozo de rosa deshojándose por el espacio...
***
Nunca dejéis de soñar... BRILLAD.
2ª Versión para Vade Reto, tema Optimismo
ME DICES QUE DESCRIBA TU RISA
Desde este vagón, sumida en su vociferante traqueteo, escribo, alegre, me siento bien...:
Un niño, frente a mí, lee. La portada de su cuento tiene dibujadas dos palomas aleteando, queriendo posarse en una mano que se les ofrece.
El niño baja su libro. Me mira con ojazos inocentes. Me sonríe, casi cómplice. Los pececillos de sus ojos trepan por mis pies; es casi una cosquilla su mirada. Río. Una de las palomas de su cuento parecen salir y posarse en mi propia mano... Noto su delicadísimo peso de ave... Sueña el instante sobre mí; toma forma de paloma, alegre, turgente. Es real.
*
Nada ha pasado; pero yo lo he sentido, y ahora lo escribo. Hay un mundo paralelo que sigue otras vías a mi lado, muy, muy cerquita. Y ese niño lo sabe.
Blanca como una ala contra el cielo, miro por los cristales: los árboles, las casas, las ventanas, las oficinas, los dormitorios, los corazones..: el mundo desperdigado es un loto abierto de instantes.
Y voy penetrando, al ritmo de mi tren, en todos ellos. De la frente dormida de la niña del cochecito a la ceja del hombre sin pasado; del sueño de la joven pianista al bolsillo del soldado muerto.
De la mano que deja una lágrima en el pomo al cerrar la puerta a las manos que sostienen la copa del triunfo.
Huelo la orquídea apretada en el pecho de alguien; la flor que no sabe que es un regalo
y viaja envuelta en una maceta sostenida por una carne que tiembla... ¡mi existencia también es un regalo! ¿Quién, quien me lleva?
¡Los ojos de ese niño, otra vez, llenos de peces amarillos, me hacen volar entre estrellas! Me han lanzado muy lejos, y ahora planeo sobre una paloma gigante, suave, que me conoce más que yo a ella.
Parece contener toda la alegría de mi vida...
Y veo a lo lejos mi hermosa canica que gira y gira sin parar, terrible y tierna a la vez:
Es el ojo más hermoso y ahora..., me mira.
¡Es esa mi Tierra, llena de brazos que claman abrazos...!
Mi dulce, mi salvaje amante de ojos azules y labios verdes. Vago herida de amor por ti desde el espacio.
¡No quiero, no quiero alejarme!
Mi voz... No la escucho como tal. Es el adagio de un oboe que se desangra en nebulosas tras de mí.
Y al instante regreso y te veo, Tierra, iluminada por la voz-relámpago de todos los niños:
Le cantan a tu alma...
Recuerdo que un día me paré a escuchar una de tus cascadas, y cantaba lo mismo... Y los ojos de un potrillo en la tarde... Y las chovas liberadas por el cielo...
*
De pronto, he caído en mi asiento. El niño de los ojillos traviesos no está. Ha debido bajar con su madre a su propio destino. Se ha dejado el cuento en el asiento.
Lo cojo y lo abro.
No hay letras.
Hay, Tierra, tus labios.
Sí; se abren y cierran como el aleteo de cien mil palomas.
Pronuncian primaveras en la muerte, nombran palomas mensajeras, una para uno de nosotros, vocalizan el sonido de la vida goteando de los árboles.
Y ahora... Se estiran sonrientes... Y me piden... ¡que describa tu sonrisa!
Y yo escribo, fiel a ti siempre -con manos de coral recién creadas para el gozo-. Y escribo, entusiasmada, como recibe aquel árbol su niebla aguda de pájaros... Y al terminar el poema, veo que no hay letras sino palomas saliendo por una puerta al infinito...
*
Ya no estoy sola en mi tren; viajo contigo a 100.000 km por hora, sobre tu tibia alma, dando vueltas por el sol.
Tu latido descomunal resuena abriendo mares en el vacío. Y yo percibo, minúsculamente, mi propio alborozo de rosa, deshojándose por el espacio...