Sinopsis de una vida. Recitado por Jorge del Nozal

Hoy tengo la alegría de compartir con vosotros este poema mío recitado por Jorge del Nozal, poeta, pintor y recitador. Recitar un poema es todo un arte. Además de sentir el poema hay que "interpretarlo" con la voz, para que toda su sonoridad y profundidad llegue al oyente. De este modo, la poesía sale del papel a acariciar nuestro oído y nuestra alma, y la experiencia del sentimiento poético en el oyente se dilata.
Jorge del Nozal tiene ese don: un encanto personal en la voz unido a un timbre aterciopelado que trasmite profundidad y serenidad a la vez.
Aquí os dejo el enlace a su blog, para que lo disfrutéis: "Recitando poesía" http://duendepoeta.blogspot.com/
¡Gracias, amigo!



SINOPSIS DE UNA VIDA

Tenías un día,
un mes, luego un año,
y una flor
trepando por tu columna de auroras.

Tenías nueve años,
se iluminó tu frente,
y pudiste tocar con tus dedos
la frescura púrpura del cielo
que fue a colocarse
en la colección de mañanas dormidas
de tu bolsillo palpitante.


Poco después mojabas tu rostro
en los balbucientes charcos de lo oscuro,
y tu adolescencia fue carrera de sombras,
rebote de luces perseguidas.
Pero lograste aclarar el barro
con tu confusa silueta,
despacio,
creciendo en un amor lento de corales.

Y explosionaste en verde vida, en músculo, grito y caricia.
Fuiste un dragón volador, un aventurero, un valiente pateador
de mentiras. Eras el perfecto filo de la osadía
abriendo mundos.


Luego llegó el rostro duro de la madurez,
las ráfagas azules de besos,
las olas de enfermedad, de muerte
y el silencio de los bosques arrasados.
Y entre arrugas se fueron dorando tus dedos viejos
de tronco clavado en el camino,
hasta nacerte un niño en el pecho,
un niño que tan solo quería
vivir
aspirando nubes.

Y le diste la mano, y te llevó con pasos de gamo
hacia los velos de la muerte,
donde un viento profundo, de llamas nacaradas,
fue levantando una a una tus cáscaras de seda
hasta encontrar la semilla,
el diamante sin tiempo
que tú eres.

El baile eterno



Miro a través de la noche,
con los ojos fijos de los peces.
Y no veo
más que un negro cielo,
un pensamiento que tilila,
un fuego que me vela, no veo...
La noche me arrastra, me empuja
en lo oscuro,
hacia una voz que no oigo.
Y yo sigo su empuje bravío.
Me lleva
como una hoja sin peso,
efímera libélula,
más allá de mí misma,
mucho
más
allá
me lleva.
Y al final de su viaje
oigo el relincho
de un caballo negro.


Sin ojos,
sin luz,
palpo
el baile eterno de los números.


Y veo,
por fin,
las verdaderas formas,
naciendo bajo un párpado infinito.


.
Metáfora
Naciendo

Una gota, un pétalo

Una gota de rocío
condensada,
naciendo sobre un pétalo
se redondea, se hincha y crece
hasta reflejar la faz redondeada del mundo.
Su inmenso orbe de moléculas descansa en equilibrio
sobre un pétalo rojo.

El sol le suma vida, la hace brillar,
pletórica,
reflejo de mares insondables,
inmenso espejo entre la bruma.
Y el mismo sol
le quita luz,
le resta, poco a poco,
el agua, su sonrisa de cristal.
La va secando
sobre la quietud roja
del pétalo.

Un pequeño esqueleto mineral
es lo que queda
de la gota muerta;
una huella de lo inconcebible
marca la piel roja del pétalo,
su solitaria carne atardecida.

El pétalo ya no es el mismo
y ahora se mece cada madrugada,
sin brisa.

***
Chopin. Nocturno op.27, Nº 2
http://db.tt/qUZETJ4h

El misterio



El misterio nos rodea, penetra con avidez por todas las ventanas, por todos los oídos, por todas las manos que acarician. El misterio rodea tu cintura y le da alas a tus pies; el misterio te hace probar la sal de la tempestad, te sopla palabras de armonía desde los rayos que rompen en la noche, te hace bailar en un prado de infinitas amapolas. El misterio llega, te toca y se va, dejándote un perfume, una sombra, un beso, una duda, una lágrima, una ráfaga, un paso de desafío. Te ha tocado y ha volado a cantar amaneceres en otra galaxia; te ha mirado a los ojos, te ha cegado de belleza, te ha despertado con un trote de caballos. Sígueme, dice. Y tú buscas esa estela de caracol dorado, perdiéndote por las selvas de tu razón. "Busca, busca el conejo blanco que abre inmensidades como túneles de sabiduría; busca en tu ombligo el nacimiento de un río eterno; ahora, ya, sígueme". Y tú indagarás tras las huellas que dejó la lluvia, tras los arco iris enredados en las palmeras, tras el follaje atravesado de sol, en un nido de cigüeñas; tras las miradas de los hombres, tras la carrera del gamo, bajo el pantano, sobre el aro de Saturno, entre las Pléyades, en tu corazón. Cuando creas que lo has encontrado, te reirás, vestido de belleza, y caerás de felicidad sobre el verde suelo de la vida; entonces descubrirás que nuevas huellas de misterio brillante van naciendo sobre el lago de tu alegría, y van perdiéndose hacia un horizonte nuevo que no acaba;
y te reirás todavía más.

(Octubre, 2009)

Aire


AIRE

Ya no había hojas en los árboles.
Los troncos fueron desnudados,
y sus cortezas de plata temblaban
al ver pasar sus hojas
en lentos remolinos.

A veces, viene un viento y te desnuda,
se lleva hasta el último verde,
desgarra con mano huracanada tus apegos.

Solo, en la cima de una montaña,
quedas temblando,
sobre el vértigo,
frente a los despojos.

Un rayo, allá, penetra las nubes.

Todo ardió.
Los huesos de tus manos gritan:
¡Sólo queda aire  al que aferrarse!

Aire puro...
Aire,
entrando en ti,
por tus canales vacíos,
aire sin nombre, inocente,
sosteniéndote,
con la pureza de sus mil amaneceres.


11 largo. Vivaldi. Concierto para flautín RV 443
Gotas de lluvia


HUNDIR LOS PIES

Las amapolas se tiñen de viento, mientras el viento gime en rojo.
Mi alma anhela ser libre. 

En ese pozo se tiran las hojas de la tristeza. Los niños las ven caer hasta perder el color. Un burro pasa, me mira y rebuzna; el brezo despierta. Aquel insecto se figura que no le he visto mimetizarse en el silencio. Las alas limpias ya están preparadas. Y huele a leña. 

Todo está fresco. La lluvia ha disuelto la tierra a  golpes de fragantes segundos.
Ven conmigo, corramos desnudos, con nuestras crines sueltas y nuestro corazón al viento. En aquel retazo de azul, recién abierto, trompetean al unísono los gansos.
Ven conmigo, como la grama, las tersas margaritas y los robles:
¡vamos a hundir los pies en este barro!