2/11/09

x Reflexiones sobre los grandes ríos

  ¿Cómo, cómo podría describir la intensa sensación que siento al contemplar un gran río moviéndose despacio entre colinas?
  Esas aguas densas, transparentes como la mirada de los árboles, levemente onduladas por el viento; ese color profundísimo, o ese cuerpo grande y zigzagueante, como una culebra encantada que siguiera un enigmático y hechizante destino.
  Es reverencia. Literalmente, me inclino ante el paso de un gran río, verde, señorial y sereno, que parece conducirte de la mano, tranquila y plácidamente, al mismo comienzo de la vida.

  Me parece que esos ríos transporten millones de años de experiencia, incluso que ya conozcan mis pensamientos, y los de las ardillas o los de las amapolas. Que ellos se lleven a su fondo los miles de reflejos que vienen a mirarlos, para luego depositarlos con humildad, como se depositan ellos mismos,  sobre el mar.
  Son ríos con un movimiento que apenas se ve,  pero se presiente bajo el bullicio de las inexpertas almas de tierra adentro, como una profunda música de chelos que nos recordara la fugacidad de la vida.
  Son las líneas matemáticas que buscan la simplicidad de la curva para luego dejarse deslizar... por la ley de la sabiduría. Porque los ríos saben el lenguaje verdadero de la vida. Es por eso que siempre, siempre llegan al mar.

(Pensamientos inspirados al contemplar el río Ebro)