1/1/08

Voces agudas



VOCES AGUDAS


Me llegan hoy todas las voces
de los niños desaparecidos,
escondidos en cuartos oscuros,
vendidos,
enterrados,
humillados;
niños abandonados al innato terror de la muerte,
niños que vocean desesperados
como cigarras desangradas.

Esas voces agudas
quieren rasgar el silencio
impoluto de la luna:
voces pisadas,
dolor ignorado,
temblor de la tierra.

¿Quién os salvará?
pequeños, perdidos, hermanos.
Vuestros gritos, ¿cómo es posible?,
rebotando y golpeándoos
en el mismo llanto de vuestras mejillas.

¿Quién os oirá?, ¿dónde estáis?, ¿quién me dice
por qué nadie sabe de vuestra aciaga noche?
¿Por qué os escogió a vosotros la maldad?,
paso tierno, pies recién hechos para ser llevados...
por otro camino, Dios, por otro camino...
¿Quién os conducirá de nuevo a vuestra risa sin precio?
¿Quién colocó en este suelo, bajo el mismo sol que yo respiro, piedras tan amargas?

Niños, queridos, hermanos, piel nueva arrancada a mi misma piel,
os juro
que una mano sagrada besará vuestra sangre,
una mano grande borrará las huellas acres que os dejaron,
una mano infinita agarrará las vuestras, y os llevará
lejos, lejos...
muy lejos,
donde un amor mullido de plumas dulcísimas
vendará con luz y más luz
vuestras heridas.

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(Hay en la tierra infinidad de ojos de hombres y mujeres que lloran de amargura. Hay tristeza retorcida en las esquinas del olvido. Hay hambre, desesperación, injusticias, gusanos de rabia royendo las mentes, ignorancia, mentiras y villanías campando a su anchas por las avenidas del poder, crueldad y guerras infames... Pero hay una realidad que es insufrible, imposible para nuestra sensibilidad, brutal y salvaje: infernal, loca: la mirada de un niño golpeada por la atroz violencia. Algo así, jamás se olvida. Nuestro ser entero grita. Es lo último.  Cuántos Cristos crucificados hay en esos niños maltratados, violados, vendidos, asesinados, utilizados. Y es real; miles de niños desaparecen en el mundo a mano de poderosos monstruos humanos; son comprados, o secuestrados y llevados a un hondo y profundo infierno, aquí, bajo el mismo sol que acaricia nuestra piel cualquier precioso día de primavera. Sé que este poema rompe todo el encanto del mundo inocente de mis versos. Sí, acabo de romper un cristal pulido y hermoso con esta pedrada. Pero he de clamar. Es necesario. Incluso aunque nadie me oyera.)


Esclavos:
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